El reparto de los derechos televisivos en el mundo del deporte rey siempre ha estado en boca de todos incluso sigue al pie del cañón.

La televisión. Ese aparato que nos entretiene, informa, apasiona o emociona. Un instrumento que ha sido el causante de peleas entre grandes multinacionales. ¿Y esto por qué? Porque es un negocio que genera y mueve muchísimo. Partiendo de esa base, debemos aplicar esto al mundo del deporte. Concretamente a nuestro fútbol. A nuestra liga. No vamos a irnos a los años 90 u 80. Nos quedamos en la última década. ¿Qué sucedía realmente?

La Liga de Fútbol Profesional no repartía los derechos televisivos de los clubes de forma equitativa. Esto es evidente. A lo que nos referimos, los equipos más potentes tenían una diferencia sideral de ingresos por la TV en comparación con cualquier otro, no hacía falta que fuese el club de una pequeña localidad. Para que apoyemos esta idea firmemente, datos del año 2010 del ABC. Real Madrid y Barcelona recibieron ese año 140 millones cada uno. El tercero en discordia, el Atlético de Madrid, 42. Entidades históricas y exitosas en los últimos tiempos como el Sevilla 24 o el Athletic de Bilbao 17. Los que menos beneficios recibieron fueron Sporting, Málaga, Xerez y Tenerife con 12 millones respectivamente. Como es de imaginar, todos los clubes menos los dos grandes gigantes españoles se quejaron de esta situación. José María del Nido fue uno de los que mayor hincapié hizo en estas abismales diferencias.

La Liga, con la reestructuración realizada en los últimos tiempos, ha querido subsanar este problema. Cierto es que Barcelona, con 166,5, y Real Madrid, con 155,3, son los que más cobran por televisión con los números de la temporada 2018/19. Pero Atlético llega a los 119,2, Sevilla a los 80,1 y Athletic a los 74,8 millones. El que menos introdujo en sus arcas fue el Huesca con 44,2 millones de euros. Vemos una diferencia pero ya es algo más equitativo o al menos justo para muchas entidades deportivas.

Pero reflexionemos. Buscamos justicia en el dinero, en los ingresos. En definitiva, en el mercado capitalista. Ya sabéis, la oferta y la demanda regula un mercado mundial o internacional, como prefieran. La idea nos lleva a que el fútbol por la TV es un producto más. Por lo tanto, oferta y demanda regula los ingresos. Fruto de los éxitos históricos de los Madrid y Barça, su gran marketing y sus incontables estrella hacen que sean más visualizados en todos los países que el conjunto de Nervión por ejemplo, pese a sus éxitos recientes. En ese sentido, el organismo liguero español actuó siempre con perspectiva del mercado a nivel global y no nacional. De ahí la diferencia.

Entonces, ¿podemos pedir justicia al mercado? Francamente no. Es un ente económico que no entiende de moral y sí de riquezas. Esto no significa que las instituciones de nuestro deporte tengan que regular lo más equitativamente posible. Esto es atender antes las demandas de los equipos del país antes que la necesidad de los televidentes extranjeros. Aquí entran otros factores determinantes como la publicidad. A más público un partido, más programación publicitaria y mejor pagada que dan lugar a mayor beneficio.

El ejemplo más claro que sale como buen gestor es la Premier League. La liga inglesa tiene un reparto mucho más proporcionado de derechos televisivos. Manchester City ganó 150 millones de libra y el Huddersfield 96. Pero las diferencias económicas se mantienen ya por los propios fondos del club y su gestión administrativa. Además, la dirección deportiva es un aspecto descuidado por la mayoría de entes y es el más importante. El Sevilla consiguió sus títulos por el buen hacer de su director deportivo y no por sus grandes ingresos. El dinero no da el éxito asegurado. Machester United sin ir más lejos vive sus épocas más oscuras desde la era Premier y es un negocio rentable en todos los aspectos extradeportivos. Pero es un ejemplo de mala gestión de los directivos y la plantilla.

Por ello, la línea en la justicia en este mundo está muy difusa. Donde hay un negocio, hay intereses. Y ya sabemos que esos intereses son capaces de aplastar cabezas con tal de mantenerse a flote todo el tinglado. Igual algún día el fútbol será justo, pero entonces el fútbol dejaría de ser la gran esfera de entretenimiento mundial en la que se ha convertido.

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