El argentino dirigió la remontada del Sevilla contra el Athletic situando al conjunto de Nervión más cerca de la Champions League.

Las plantillas suelen tener jugadores que por mucho esfuerzo que se realice desde la secretaria técnica y deportiva por buscarle un relevo es casi misión imposible. Éver Banega llegó en el verano de 2014 con una carrera que se presuponía hundida a sus 26 años. Los problemas extradeportivos afectaron a su rendimiento en los terrenos de juego. El argentino llegó a España en invierno de 2008 tras su fichaje por el Valencia por unos 18 millones de euros. Monchi lo trajo a su plantel por 2,5 millones.

Ese tiempo de adaptación le dio para resucitar y ser el futbolista que todos esperaban. Ese rendimiento le llevó al Inter en el 2016. Pero de nuevo vuelve a las orillas del Guadalquivir por 9 millones. Y otra vez es indispensable. Su veteranía le permitió abandonar la zona de la media punta para retrasar su posición y convertirse en un pivote que diese salida de balón al juego de los sevillistas.

Ahora vive sus últimas semanas en la capital andaluza. El centrocampista firmó hace meses un contrato con el Al-Shabab de Arabia Saudí. En ese momento el runrún pasaba por la cabeza de todos los aficionados rojiblancos. ¿Se marchará y nos dejará tirados en lo que resta de curso? ¿Se borrará por miedo a una lesión y no volverá a los terrenos de juego de La Liga? Alguno proclamaba que no podía seguir jugando por esa razón. De hecho, en el comienzo de la vuelta del fútbol, era un suplente habitual de Lopetegui.

En contra de la voluntad de muchos, Éver se comprometió a seguir hasta la conclusión de la competición. Y gracias que tomó esa decisión. En encuentros atascados como contra el Valladolid el rosarino era el único con capacidad para sacar el balón de la presión, con elegancia y clase por supuesto. Ayer fue su penúltima exhibición: un golazo de falta y un centro con comba para ser decisivo contra el Athletic Club de Bilbao. Decisivo en el momento decisivo. Para remontar el choque. Y seguirá al servicio de la causa sevillista. El último empujón para conseguir competir en la Champions. La competición de las estrellas en la que una de ellas no la disputará, pero dejará a su equipo en lo más alto.

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