Los cadistas vuelven a Primera después de una segunda vuelta de infarto en la que al final fue el equipo que mejor aguantó las caídas.

La suerte igual no es un elemento que venga solo. Igual es algo que uno se gane con trabajo y esfuerzo. Necesario en muchos momentos y aliviante cuando cae del lado de uno. Ese es el caso del Cádiz. Porque es un equipo sufridor. Eso ya lo sabíamos. Si alguien quiere una demostración de ello que se escuche el pasodoble de Manolo Santader de su chirigota La familia Pepperoni de 1998. El sentimiento más puro de un cadista se refleja en una canción que va de la desesperación al orgullo de tener los colores amarillos en la piel.

Podría recurrir a ella para escribir este artículo. Pero no. Haré uso de una frase de La Gaditanissma. Aquella comparsa del 2019 que, sin saberlo los amantes del carnaval, marcaba el crepúsculo artístico de Juan Carlos Aragón. «¡Cádiz resiste!». Simple. Pero que resume todo lo que ha sucedido durante años. El equipo de la Tacita de Plata perdió su plaza en Primera en 2006. Desde ese momento fue un baraje por los mares de Segunda y Seegunda B durante 14 años. La sensación es que no optaban a volver a la máxima categoría del fútbol español.

Cervera cambió la dinámica y en su primer curso en la categoría de Plata rozó el ascenso. Poco a poco confeccionó un plantel que se hundía en las segundas vueltas. Hasta esta última campaña. Un juego de resistencia: anotar los goles y aguantar los envites del rival. Incluso una resistencia contra su propia maldición de la segunda parte de la competición donde siempre aparecían las dudas. Este año era distinto. Los perseguidores del líder también caían. Igual era esa suerte ganada tras varios años de auténtico sufrimiento. El sábado el propio Cádiz tuvo la oportunidad de subir por sí mismo. Por su propio impulso en el Carranza. Pero Cádiz es sufrir. El Fuenlabrada dejaba el encuentro entre Zaragoza y Oviedo para ver si se alargaba el esperado ascenso. Y esa suerte era amarilla, el amarillo que temen los artistas menos los habitantes de la ciudad más antigua de Occidente. Un dato curioso, el ascenso se logró el mismo día del cumpleaños de uno de sus seguidores más icónicos, Michael Robinson. El misticismo de esta historia no puede ser mayor.

El conjunto asturiano venció y echó un cable a los gaditanos. Caer y levantarse está marcado en rojo en la Biblia del cerverismo. Ahora toca en disfrutar. Así son los cadistas. Pero a pensar en que la temporada siguiente la resistencia de la permanencia debe ser el objetivo. Y a partir de ahí, quién sabe. Este equipo es una caja de sorpresas. El telón de la competición aún no se ha cerrado y ya se piensa en la temporada siguiente. La sangre carnavalera está bien reflejada en el fútbol de la ciudad. Así que Cádiz, ¡resiste una vez más!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *