Los casos positivos por COVID-19 en jugadores y plantillas es una realidad que no parece acabar y si sigue por este camino, el futuro se ve turbio.

Los rebrotes producidos desde hace ya más de un mes sigue en su proceso de crecimiento. Las cifras no bajan y la situación comienza a vislumbrarse como negativa. Las personas tendemos a casi apostar cuando volveremos al confinamiento, como se produjo en marzo. Esta convulsa realidad, vivida anteriormente, nos trae malos augurios para el futuro.

El deporte no se libra de esto. Aquellas noticias de más de media plantilla del Espanyol infectada por el virus nos hizo llevarnos las manos a la cabeza. Tiempo después, el Fuenlabrada se vio inmerso en una problemática provocada, como no, por el dichoso coronavirus. Pero ahora parce haberse normalizado todo. Semana tras semanas, nuestros equipos publican casos de contagios en los jugadores y plantillas. Un hecho alarmante dada la fecha en la que estamos. A unos días de dar comienzo a la nueva temporada liguera.

La última noticia de este tipo tuvo lugar en la Tacita de Plata. Álvaro Cervera y dos futbolistas se convirtieron en los nuevos positivos por esta enfermedad en el fútbol nacional. Nuevas cifras que engordan el hinchamiento del recuento de los contagiados. El Cádiz niega aplazar su encuentro de debut en la competición. ¿Cuánto más tendremos que aguantar esta ola de «positivismos» casi diarios en el deporte? La decisión final no hace más que posponerse. Ni el Gobierno, ni la RFEF, ni la LFP quieren saber nada del asunto. Y los clubes esperando como agua de mayo algún comunicado oficial.

Por el momento, a no ser que ocurra algo divino, el público puede estar prácticamente descartado en nuestro país. Las imágenes que nos llegan del torneo francés parece que no se reproducirán aquí. Un medio intento de llenar los estadios algunos hinchas mal contados. El resto de Europa nos temen. No en lo deportivo, sino en lo vírico. Hungría ya dijo que no dejaba entrar extranjeros a sus tierras. En su capital, Budapest, tendría lugar la final de la Supercopa de Europa. Mira tú por donde, el Sevilla, equipo andaluz y español, jugaba el partido. Así estamos que ni en nuestro propio país nos quieren. Pero no por nada personal. Solo por el «positivismo» del COVID-19.

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