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El Cádiz demostró en el Martínez Valero que cuando tiene que cambiar su plan de juego, le cuesta ser competitivo.

Si algo tiene el Cádiz de Álvaro Cervera es que siguen un plan de juego a muerte. Y les funciona. La prueba son los resultados y hazañas de los últimos tiempos. Desde el ascenso hasta victorias de prestigio como la que consiguió en Valdebebas hace unas semanas. Y gracias a ese estilo, los gaditanos están con 15 puntos, en posiciones europeas tras 11 jornadas disputadas. Es cierto que hay equipos con partidos por disputar aún, pero el bagaje es positivo.

Sin embargo, el gran defecto de este equipo es la falta de adaptabilidad. Cervera muere con su idea de juego, la plantilla está diseñada para ello y cuando puede desplegarla sobre el terreno de juego, le compite a cualquiera. Pero cuando el escenario te pide otra cosa, a los amarillos se les atraganta.

Así se vio en el Martínez Valero, donde tras la expulsión del Elche, al Cádiz no le quedó más remedio que llevar la iniciativa si querían los tres puntos. Sin valorar las jugadas en las que intervino el VAR, quedó demostrado que este equipo no está diseñado para ello. Es un equipo que le cuesta crear juego cuando tienen que controlar la posesión. Un equipo que está mucho más cómodo sin el balón en los pies y saliendo con velocidad.

El propio Cervera reconocía en rueda de prensa que «hay cosas que este equipo no puede hacer». Y es algo que necesitará arreglar, porque se encontrará con muchos más partidos con situaciones similares. Y si el técnico cadista considera que en plantilla no hay jugadores para desplegar ese juego, quizá deberán buscarse refuerzos en el mercado invernal que se acerca. De momento, los resultados no son malos. Pero, por qué no mirar más alto.

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