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Victoria por la mínima pero merecida del Betis antes de Navidad ante un Cádiz que, en la línea de los últimos partidos, mostró un nivel muy bajo

Se vivía otro derbi andaluz esta jornada, con el Betis de nuevo como uno de los protagonistas y en frente el Cádiz. Los tres puntos se quedaron en Sevilla gracias al solitario gol de Guido Rodríguez, si bien es cierto que los de Pellegrini lo intentaron y merecieron más. El Cádiz sigue de capa caída y empieza a ver de cerca la zona baja de nuevo.

El choque de estilos entre ambos equipos no se hizo esperar. Guion previsible. El Betis llevaba la iniciativa del partido, tenía la pelota e intentaba crear desde la posesión. Los gaditanos se mantenían fieles a su estilo. Repliegue y a esperar sus oportunidades a la contra. De hecho, el once titular de Cervera, con el doble pivote formado por Jonsson y Fali, era rocoso pero la creatividad brillaba por su ausencia.

La primera gran ocasión, aun así, llegó por parte de los amarillos. Alberto Perea, una de sus pocas bazas ofensivas, se deshacía de varios rivales, centraba al área y Salvi Sánchez enganchaba de primeras la pelota, que acababa estrellándose en el travesaño. Aviso para los verdiblancos, porque con muy poco, el rival generó una ocasión de mucho peligro.

Tuvo un acercamiento que pudo ser muy peligroso el Betis. Pero Sanabria y Ruibal no se entendieron y el paraguayo acabó haciendo una desastrosa chilena cuando su compañero tenía una mejor posición de disparo. Los gaditanos intentaban correr cuando podía, mientras que los sevillanos buscaban la pausa en juego. Pero Fekir y Joaquín, los dos hombres claves para hacer funcionar el juego de los suyos, estaban teniendo poca participación relevante en el partido.

Los minutos finales de la primera parte se convirtieron en un bombardeo masivo de balones largos hacia el campo del cuadro hispalense. El destino de estos, ninguno. El Betis seguía sin encontrar la forma de romper la muralla amarilla y el Cádiz, como es habitual, no ofrecía otra variante en ataque para intentar generar ocasiones. Empate justo con el que se llegó al descanso.

La segunda mitad comenzó con el mismo escenario pero con algunos avisos por parte de los locales. Primero Fekir, con un disparo al lateral de la red. Luego, un pase atrás otra vez del galo, que había dejado atrás ya a Ledesma, no fue rematado por nadie cuando el balón se paseaba por dentro del área pequeña. En la continuación, Montoya remató pero su tiro se estrelló en un rival. Pidió una posible mano el equipo verdiblanco, pero el juego continuó con normalidad.

Se estaba encontrando más cómodo el Betis en este segundo periodo. Los de Cervera ahora ya no podían encontrar oportunidades de lanzar la contra y Joel Robles era un mero espectador durante este tramo. Pero como todo en el conjunto de Pellegrini, el verdadero peligro solo llegaba cuando Fekir intentaba algo. Por lo demás, mucho juego en tres cuartos de campo, muchos pases, pero ninguna finalización.

Tras estrellarse una y otra vez contra la muralla cadista, el Betis la acabó echando abajo. Laínez, que había entrado en esta segunda mitad, vio a Guido Rodríguez solo en la frontal. El argentino, al primer toque, ponía el balón ajustado al palo izquierdo de la portería de Ledesma. Disparo imparable y el equipo verdiblanco, que lo estaba mereciendo más, se ponía por delante. Cabe recordar que Guido estuvo a punto de no poder disputar este partido por sanción, pero lo que son las cosas, se acabó convirtiendo en el héroe de la noche.

Cuando el Cádiz se pone por detrás en el marcador, sus variantes son muy escasas. Intentó dar un paso al frente, inquietar al rival, pero sus armas ofensivas eran insuficientes. Tuvo alguna ocasión para hacer el empate, en las botas del Choco Lozano, pero Joel, prácticamente la primera vez que tuvo que intervenir, mandó el balón a saque de esquina.

Pero lo único que le quedaba a los gaditanos era lanzar balones arriba, esperando que en alguna jugada loca se encontraran con un premio que habría sido demasiado para lo que se vio en el partido. Tres puntos para el Betis, que podrá celebrar la Navidad respirando tranquilo. No podrán decir lo mismo Cervera y los suyos, que ven como los buenos resultados ya no llegan.

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