celta cádiz

Nada cambia en el Cádiz y la situación se hace cada vez mas preocupante. Algo se tiene que cambiar para evitar que la herida siga agrandándose, porque tras cuatro jornadas, el balance es de cuatro derrotas, con once goles encajados y ninguno a favor. Todo esto después de que el Celta también se aprovechara de la fragilidad del Cádiz para ganar por un cómodo 3-0.

Sergio y sus jugadores sabían que tenían que cambiar muchas cosas con respecto a los anteriores partidos para romper la mala dinámica. Una de ellas era mejorar en los inicios y no salir dormidos, para evitar que el rival les encerrara atrás. Y, al menos en la primera parte, cumplieron con ello, pues su línea de presión estaba mucho mas adelantada que en partidos anteriores y, como consecuencia, el Celta no era capaz de atacar con facilidad.

Sin perder tampoco su idea de correr a la hora de recuperar, el Cádiz llegaba por bandas y buscaba centros. Especialmente activo estaba Bryan Ocampo, quien debutó hoy desde el once titular y dejaba destellos del jugador que puede llegar a ser en el Nuevo Mirandilla. Lo negativo era que los amarillos no conseguían tener ocasiones claras, pero el Celta tampoco, por lo que el empate era justo al descanso.

Pero todo lo que hizo bien el Cádiz en el primer tiempo se esfumó rápidamente en el segundo. El Celta salió mas fuerte e intenso y los gaditanos no igualaron ese nivel. A partir de ahí, los vigueses comenzaron a tener ocasiones, hasta que Iago Aspas convirtió una en el primer gol de la noche. A partir de ese momento, los visitantes comenzaron a decaer y el segundo fue cuestión de tiempo. Óscar Rodríguez finalizó una gran jugada combinada de los suyos para meter mas tierra de por medio.

Con el 2-0, el Cádiz intentó proponer algo en el ataque, buscando igualar de alguna manera el encuentro. Pero si en tres partidos y medio no había sido capaz de marcar un solo gol, difícil era que en apenas media hora se le ocurriera como hacerlo. Y al final, lo que acabó llegando fue el tercero del Celta, obra de nuevo de Iago Aspas. Poco mas quedaba en juego ya y en el Nuevo Mirandilla, con las alarmas ya encendidas, se empiezan a estudiar posibles soluciones. Aún es pronto y la situación se puede revertir.

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