celta betis

Los partidos hay que jugarlos a tope de concentración y entrega desde el minuto 1 hasta el pitido final. No hacerlo puede acabar suponiendo una derrota, que es lo que le ocurrió al Betis, que sumó la segunda derrota temporada ante el Celta. Los verdiblancos no salieron enchufados al encuentro y, en los primeros veinte minutos, encajaron el único gol del encuentro y además se quedaron con un hombre menos. La reacción llegó, pero tarde y sin acierto.

El Celta tardó apenas un par de minutos en llegar con peligro, debido a las imprecisiones en la zaga del Betis. Unas imprecisiones que también había en el equipo vigués, incapaz de sacar la pelota con comodidad. A la falta de precisión, se sumó la falta de intensidad en el Betis, que dejaron espacio a Gabri para que sacara un disparo desde fuera del área imparable para Rui Silva, adelantando a los locales. Por si el gol fuera poco, minutos después Luiz Felipe vio la roja directa tras revisión del VAR, que entendió que agarró a Larson cuando era el último hombre de la defensa bética, evitando una ocasión clara de gol.

Aunque quedaba mucho partido, el Betis estaba por detrás en el marcador y en inferioridad numérica. Un escenario para nada prometedor, con el Celta llegando y haciendo trabajar a Rui Silva. Aun así, los vigueses le dieron la posesión a los verdiblancos, que solo podían tener el balón muy lejos del área rival. La idea de los de Coudet era salir a la contra, aunque apenas surgieron oportunidades para ello. El Betis se defendía bien con la pelota, pero no generaba peligro, por lo que el empate no estuvo cerca en ningún momento del primer tiempo.

En el segundo tiempo, aún con la inferioridad numérica, el Betis dio un paso adelante, subió una marcha, y comenzó a inquietar a la defensa gallega. Las conexiones entre Fekir, Canales y compañía hacían daño y generaban ocasiones, con Marchesin ejerciendo como salvador para el Celta en un par de oportunidades. Los locales empezaban a tener el miedo y los nervios en el cuerpo, por lo que buscaban bajar el ritmo del partido la máximo posible, intentado que ocurrieran pocas cosas hasta el final.

Durante un buen tramo lo lograron, pero conforme se acercaba el final, el Betis sabía que tenía que echar el resto. De nuevo Marchesin tenía que salvar al Celta ante la insistencia de los béticos, que comenzaban a merecer el empate. Pero la pólvora de los jugadores verdiblancos estaba mojada en Balaídos, sin poder encontrar el tanto. Un mal arranque del Betis le acabó costando la segunda derrota de la temporada.

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