El Sevilla Fútbol Club celebró este lunes su Junta General Ordinaria de Accionistas en el Hotel Meliá Los Lebreros de la capital andaluza, una cita marcada por la delicada situación económica de la entidad nervionense y por un contexto institucional condicionado por la fractura accionarial. A la reunión asistieron 1.791 accionistas, con un capital representado del 87,25 %, equivalente a 90.277 acciones de las 103.477 existentes.
El eje central de la asamblea fue la presentación de las cuentas correspondientes al ejercicio 2024/25, que volvieron a arrojar un saldo negativo. El club cerró la temporada con unos ingresos de 123 millones de euros frente a unos gastos que ascendieron a los 177 millones, lo que conlleva una pérdidas superiores a los 54 millones. Este es el quinto ejercicio consecutivo en déficit, una dinámica que el Consejo de Administración achaca entre otros factores, a la falta de competición europea y al peso de la estructura salarial.
El presidente, José María del Nido Carrasco, en su intervención defendió en todo momento la gestión del actual consejo, detallando las medidas adoptadas para reducir costes y ajustar la masa salarial, aunque reconoció la gravedad de las cifras, pero transmitió un mensaje de confianza al asegurar que el club trabaja con el objetivo de conseguir el equilibrio presupuestario en la temporada 2026/27. En su intervención puso también énfasis en la cantera como pilar fundamental en su proyecto deportivo y en la búsqueda de nuevos acuerdos comerciales que incrementen los ingresos.
Aunque esta Junta General fue menos agresivas que las anteriores no faltaron las muestras de descontento entre los asistentes. Parte del accionariado manifestó su rechazo a la gestión actual con protestas y críticas dirigidas a la presidencia, reflejando una división social que sigue latente. El distanciamiento entre los distintos bloques accionariales, con la figura de José María del Nido Benavente en un segundo plano tras perder peso en las mayorías, volvió a evidenciar la complejidad del escenario interno que vive la entidad sevillista.
Otro de los asuntos que planeó sobre la Junta fue la posible venta del club. Aunque este punto no estaba incluido en el orden del día, los rumores sobre contactos con inversores extranjeros, especialmente procedentes de Estados Unidos, estuvieron presentes tanto en las intervenciones como en los corrillos se posteriormente se formaron. Colectivos de socios y peñas insistieron en la necesidad de que cualquier operación de este tipo preserve la identidad y los valores históricos del Sevilla FC.
La Junta concluyó con la aprobación de los puntos reglamentarios, incluidas las cuentas del ejercicio y la renovación de cargos en el consejo de administración, no sin el rechazo de parte de los accionistas minoritarios. El turno final de preguntas volvió a poner sobre la mesa demandas recurrentes de mayor transparencia, estabilidad institucional y un proyecto a largo plazo que permita al club recuperar solidez deportiva y financiera.
En definitiva, la asamblea dejó una fotografía nítida del momento que atraviesa el Sevilla FC: una entidad lastrada por las pérdidas, con un debate abierto sobre su futuro accionarial y obligada a tomar decisiones clave para evitar que la crisis económica y la división interna sigan condicionando su rumbo.

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