A 22 de enero de 2026
El Sevilla vive instalado en una especie de supervivencia permanente, un territorio donde cada semana se abre una grieta nueva y donde Matías Almeyda se ve obligado a reconstruir el equipo con las piezas que van quedando. Pero esta vez no es una grieta: es un cráter. Batista Mendy, el futbolista que sostiene el andamiaje del centro del campo, se cae por sanción en el peor momento posible.
No es solo una baja. Es la ausencia del único jugador que ha logrado darle al Sevilla algo parecido a un suelo firme.
Mendy no es un mediocentro más. Es el futbolista que tapa agujeros, que corrige desajustes, que permite que el equipo respire cuando el partido se vuelve un incendio. Su presencia ha sido la diferencia entre un Sevilla desbordado y un Sevilla que, al menos, sin calidad, compite.
Y ahora, el francés desaparece del tablero por acumulación de amarillas. Una sanción que llega como un mazazo en un vestuario que ya acumula ocho ausencias y que vive pendiente de la evolución de Alexis como quien espera una noticia en mitad de la madrugada.
En un momento en el que el Sevilla FC juega contra el calendario y contra sí mismo, la plantilla vuelve a estar al límite. Cada semana es una carrera de obstáculos: recaídas, molestias, sanciones, jugadores que vuelven a medias. Almeyda ha tenido que improvisar tantas veces que ya casi forma parte de su identidad como entrenador en Nervión.
Pero hay improvisaciones que duelen más que otras. Y esta, la de sustituir a Mendy, es de las que condicionan un partido entero. El técnico pierde al único futbolista capaz de sostener la medular sin que el equipo se parta en dos.
El entrenador rojiblanco cuenta con varias opciones que no son soluciones. Sow no está para sostener un centro del campo él solo. Agoumé aporta energía, pero no la jerarquía que exige un partido de este calibre. Gudelj es el parche eterno, el bombero de guardia, pero adelantarlo implica desarmar una defensa que ya vive en precario.
Ninguna alternativa reproduce lo que ofrece Mendy. Todas obligan a Almeyda a renunciar a algo: equilibrio, salida, contundencia o estructura.
Esta sanción revela la verdad del Sevilla. La baja de Mendy no es un accidente aislado. Es el síntoma de un Sevilla que ha perdido profundidad, que depende demasiado de ciertos jugadores y que afronta cada jornada como si fuera una final de emergencia.
El equipo no está solo corto de efectivos: está corto de margen. Y cada ausencia se convierte en un terremoto.
Almeyda tendrá que reinventarse otra vez, como tantas veces desde que llegó. Pero esta vez lo hará sin su ancla, sin el futbolista que ha dado sentido a su idea de juego en medio del caos.
El Sevilla llega a este partido caminando por el alambre. Y sin Mendy, el alambre es aún más fino.






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