15 marzo, 2026

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Granada CF 1 – Andorra 1. El Granada CF consigue solo un punto en un final de infarto ante el Andorra

A 15 de marzo de 2026

 Alineaciones

Granada: Luca Zidane; Diaby, Manu Lama, Loic Williams, Diallo; Sergio Ruiz, Izan González, Manu Trigueros; Álex Sola, Baba, Jose Arnaiz.

Andorra: Jesús Owono; Carrique, Diego Alende, Gael Alonso, Imanol García; Marc Doménech, Sergio Molina, Villahermosa; Minsu, Josep Cerdá, Lautaro de León.

El Granada CF firmó un empate que sabe a poco, a rabia y a oportunidad perdida en el Nuevo Los Cármenes. El 1-1 ante el Andorra dejó la sensación de que el equipo quiso más, empujó más y generó más, pero volvió a chocar contra sus propios errores, contra un rival que no se rindió y, sobre todo, contra un Jesús Owono que se convirtió en una pesadilla constante para la afición rojiblanca. El partido tuvo de todo: goles, polémica, paradas imposibles, tensión final y un tanto anulado en el 90+4 que heló la sangre a todo el estadio.

El encuentro comenzó con un Granada sorprendido por la intensidad del Andorra. En el minuto 5, Luca Zidane salvó al equipo con una doble intervención espectacular: primero ante Gael Alonso y luego tapando el tiro de Diego Alende. El Andorra dominaba la posesión y en el minuto 7 volvió a avisar con un disparo de Imanol García. El Granada respondió como pudo, con un tiro de Baba en el 9, pero el partido estaba roto, sin control, con ataques rápidos y poco juego en el centro del campo.

Aun así, el Granada golpeó primero. En el minuto 22, tras un córner mal despejado, José Arnaiz volvió a centrar y un defensa desvió la trayectoria del balón, sorprendiendo a Owono. 1-0 y estallido en  el Nuevo Los Cármenes, que veía cómo el equipo se adelantaba sin haber sido superior. Pero la alegría duró poco. En el 27, el Andorra armó una jugada elaborada al borde del área y Imanol García ajustó un disparo al palo que Luca llegó a tocar, pero no lo suficiente. 1-1 y vuelta a empezar.

El Granada sufrió en varios tramos. En el minuto 31, Manu Lama vio la primera amarilla, y en el 42, Sergio Ruiz recibió la segunda para los rojiblancos. En el 44, un error atrás casi le cuesta el segundo al equipo, pero Lautaro de León no encontró hueco para disparar. El descanso llegó con el 1-1 y la sensación de que el Granada necesitaba un punto más de calma y otro de valentía.

La segunda parte arrancó con un Granada más decidido. En el 50, tuvo una ocasión clara que se marchó fuera, y en el 53, Izan González robó arriba y obligó a Owono a sacar una mano salvadora abajo. El portero del Andorra empezó a convertirse en protagonista. En el 60, el entrenador movió el banquillo con un triple cambio: Pablo Sáenz, Rodelas y Oscar Naasei entraron para darle aire al equipo. Y el Granada lo notó: más ritmo, más presión, más llegadas.

En el 70, la presión nazarí obligó al Andorra a arriesgar en salida, y en el 73, Olabarrieta entró para los visitantes. El partido se calentó. En el 78, Arnaiz vio amarilla por una entrada dura, y en el 79, Álex Sola salvó un remate clarísimo de Diego Alende. El Granada empujaba, pero Owono seguía siendo un muro.

El tramo final fue una montaña rusa emocional. En el 84, Owono voló a la escuadra para evitar  el gol. En el 89, el partido se encendió con protestas, choques y un córner reclamado por el Granada que no se concedió. En el 90+1, Owono volvió a sacar una falta directa que llevaba marchamo de gol. El estadio rugía, el equipo apretaba, el Andorra sufría.

Y entonces llegó el caos. En el 90+3, Olabarrieta marcó para el Andorra, silenciando al estadio nazarí. Pero el VAR entró en acción. En el 90+4, el gol fue anulado por falta sobre Rodelas, desatando un grito de alivio en la grada. Aun así, el partido dejó una expulsión en el cuerpo técnico del Granada y un último intento en el 90+5 que se marchó fuera por poco. El 90+6 puso fin a un encuentro que pudo ganarse, pudo perderse y terminó dejando un sabor agridulce.

El aficionado del Granada se fue a casa con la sensación de que el equipo lo dio todo, que peleó, que empujó, que generó ocasiones suficientes para ganar. Pero también con la certeza de que falta colmillo, que falta claridad en los metros finales y que no se puede sufrir tanto ante un rival que, sin ser superior, supo castigar cada desajuste.

El empate no es un desastre, pero tampoco consuela. Los Cármenes despidió al equipo con aplausos mezclados con frustración. Porque este Granada tiene alma, tiene orgullo… pero necesita convertir ese empuje en victorias. Y partidos como este, que se escapan entre las manos, son los que marcan una temporada.