El técnico valenciano tocó fondo en la noche copera ante el Athletic Club, volviendo a hacerlo ante el Real Madrid. Una cartas de presentación en encuentros ilusionantes e importantes realmente mediocres ante casi 47.000 personas que se suman a una temporada en términos ligueros donde el equipo valencianista no consigue escabullirse de la zona roja de la clasificación hablan sin duda de uno de los peores Valencia de los últimos años.
El Valencia se llevó una nueva estocada tanto en Copa como en Liga, no sé cuántas van pero yo por lo menos empiezo a estar cansado. Desde el club se vela por hacer oídos sordos y taparse los ojos ante la tétrica situación que vive la entidad, la cual no se sabe si dentro de 15 jornadas estará en Primera División. Entre los máximos culpables, un Carlos Corberán que y después de lo dicho por Ron Gourlay en repetidas ocasiones y el supuesto apoyo de los pesos pesados de la plantilla, apunta a seguir sentándose en el banquillo, por lo menos hasta verano.
De la alegría del ayer, al llanto del hoy
Todo hay que decirlo, la etapa Corberán pese a ser actualmente una de las más negras que ha tenido el Valencia en forma de entrenador, inició realmente bien la pretérita temporada. Con un sobresaliente planteamiento sobre el tapete de juego o exprimiendo el mejor nivel de varios futbolistas que a día de hoy están o defenestrados a un nivel paupérrimo (Javi Guerra o César Tárrega)
El técnico valenciano sumó 9 victorias y una segunda vuelta que valió no solo una salvación, también el incremento de poderes dentro del club que no han dejado de sumársele hasta el día de hoy o el poder de decisión de fichajes -quedando ambos pretéritos mercados, como maquetas suyas. A pesar de todo ello y de quedar el club a su total disposición y orden, el de Cheste no ha sabido mantener esa cosecha que hace cosas de un año empezó a cosechar.
5 victorias, 8 empates, 10 derrotas, segundo equipo más goleado de la competición son solo lo que se ve echando el primer vistazo, luego hay que añadirle el haber perdido completamente el manejo del vestuario, la propia defenestración de jugadores y el no saber mirar de tú a tú a los rivales, siendo todo un cúmulo que hacen de Corberán, el germen y el cepo que no hace avanzar a un Valencia estancado.
Desde el club piden paciencia
Paciencia, cuánta hay que tener en esta vida. Al aficionado del Valencia, después de tantas temporadas viendo a su equipo siendo de todo menos lo que un día fue, parece habérsele agotado. Ya lo dejó claro ante el Athletic Club, pegando la espantada en los minutos finales tras el más que palpable ridículo de su equipo, que cayó eliminado ante el conjunto bilbaíno, además de frente al Real Madrid, donde las cartulinas blancas que formaron el tifo inicial, acabaron siendo junto al ya tendencia «Corberán Dimisión» la despedida al equipo y un entrenador que ha dejado de ser el de la gente, aunque no el del club.
Lejos de aceptar que la situación es crítica y el ciclo de Corberán podría estar ya acabado, la cúpula del conjunto valencianista decide echar balones fuera en cuanto a la posibilidad de fulminar al técnico, dando a entender que es más que normal la situación y que simplemente, hay que dejar que los cimientos de un proyecto ya caduco.
Pese a que estos intenten dejar claro que la confianza en el técnico valenciano es inagotable, la realidad está lejos de ello. El Valencia pagó un importante montante por el técnico, 2,4 millones de euros y, pese a ser una cantidad irrisoria, la directiva del Valencia no quiere mostrar mediante el despido que se han equivocado con su apuesta primaria y, posteriormente, toda esa clase de refuerzos mediante palabras que le han ido dando y con las que le han reforzado.
Corberán pierde más allá de partidos
El concepto por el que más señalado está el técnico no es cómo se planta su equipo sobre el terreno de juego. Porque el Valencia ha perdido y no poco frente a lo que se vio la segunda parte de la temporada pasada, pero lo que más está notando es que ya no va a los mismos kilómetros/hora que la pasada campaña, donde conseguía pillar infraganti a sus rivales y hacerles verdadero daño.
Esta temporada, el Valencia se ha vuelto un equipo realmente plano, poco resolutivo, falto de ideas, además de haber perdido Mestalla como bastión para sacar puntos, hacerse pequeño en los minutos finales (perdiendo puntos ante Betis, Oviedo, Girona o el propio Athletic en los cuartos de Copa).
En general, el técnico ha perdido esa magia que hizo y sobre todo, el rumbo que empezó a encauzar el Valencia hace un año, pagando en la actualidad el egoísmo de la élite de la entidad, viéndose reflejado en los resultados y quien sabe en un futuro, con un descenso.






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