10 febrero, 2026

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El Betis sorprende al Atlético con orden, carácter y una lección táctica de Pellegrini

A 9 de febrero de 2026

El Real Betis firmó ayer una de esas victorias que marcan una temporada, imponiéndose por primera vez en su historia en el Estadio Metropolitano y haciéndolo con una autoridad táctica que sorprendió incluso al Atlético de Madrid. El equipo de Manuel Pellegrini llegaba herido tras el 0-5 encajado en Copa del Rey, pero lejos de caer en el desconcierto, el técnico chileno mantuvo su idea, ajustó lo necesario y consiguió que su equipo ofreciera una versión sólida, madura y tremendamente competitiva. El Betis ganó porque fue mejor en casi todo: en orden, en concentración, en lectura del partido y en ejecución individual.

La clave inicial estuvo en el cambio de sistema. Pellegrini abandonó el 4-2-3-1 habitual para apostar por un 4-3-3 que, sin balón, se convertía en un 4-5-1 muy compacto. Ese ajuste permitió al Betis cerrar los pasillos interiores, negar al Atlético los espacios que tanto explota y obligarlo a un juego más previsible. Marc Roca actuó como eje, mientras que Fidalgo y Fornals se situaron muy cerca de él, formando un triángulo que dio equilibrio, salida limpia y capacidad para sostener las transiciones. El equipo ganó metros, ganó calma y ganó control.

La actuación individual de varios jugadores fue determinante. Fran Valles transmitió una seguridad absoluta, dominando el área, blocando con firmeza y manejando el balón con los pies sin titubeos. Llorente firmó un partido de jerarquía, anticipando, corrigiendo y liderando la línea defensiva con una solvencia que desactivó a los atacantes rojiblancos. Fidalgo, por su parte, fue el gran beneficiado del nuevo dibujo: interpretó cada fase del juego con inteligencia, supo cuándo presionar, cuándo temporizar y cuándo acelerar, convirtiéndose en un punto de apoyo constante para sus compañeros.

Uno de los datos más llamativos del encuentro explica mejor que nada la madurez del Betis: solo cometió tres faltas en todo el partido, su cifra más baja en lo que va de Liga. No fue falta de intensidad, sino todo lo contrario: fue producto de una colocación impecable, de una defensa basada en la anticipación y de un equipo que no necesitó cortar jugadas con infracciones porque siempre llegó antes. Tras el varapalo de Copa, Pellegrini insistió en que no había que cambiarlo todo por una mala noche, y el equipo respondió con una concentración que rozó la perfección.

El Betis ganó porque supo competir, porque no se desordenó nunca, porque aprovechó sus momentos y porque defendió su ventaja con una madurez impropia de un equipo que venía de un golpe emocional tan fuerte. Ganó porque su plan fue mejor que el del Atlético y porque sus jugadores ejecutaron ese plan con una precisión admirable. Ganó porque Valles, Llorente, Fidalgo, Fornals y Marc Roca dieron un paso adelante. Ganó porque Pellegrini leyó el partido con claridad y porque el vestuario creyó en la idea incluso en los momentos más difíciles.

El triunfo en el Metropolitano no es solo un resultado histórico: es una declaración de intenciones. El Betis demostró que, cuando está ordenado y concentrado, puede competir contra cualquiera. Y lo hizo en uno de los escenarios más complicados del fútbol español, ante un rival que rara vez concede. Este partido puede ser un punto de inflexión, no solo por lo que supone en la clasificación, sino por lo que transmite: que este Betis tiene identidad, tiene carácter y tiene herramientas para aspirar a mucho más.