A 14 de enero de 2026
El Sevilla FC atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente, y aunque los problemas son múltiples, lesiones, dudas tácticas, irregularidad defensiva, hay un diagnóstico que nadie discute: la falta de gol se ha convertido en el gran agujero negro del equipo. Sin acierto en el último tercio, cualquier plan se desmorona, cualquier mejora se diluye y cualquier esfuerzo queda en nada.
El propio entrenador, Matías Almeyda, lo reconoció sin rodeos tras la derrota ante el Celta: “Al fútbol se gana haciendo goles. Y nos falta mucho en ese tramo del terreno”. Una frase que resume la realidad de un Sevilla que compite, que corre, que intenta… pero que no marca.
La sequía ofensiva no es un bache puntual es una tendencia que se arrastra desde hace meses. El Sevilla acumula partidos sin ver portería y ha cerrado encuentros con apenas uno o dos remates entre los tres palos, cifras impropias de un equipo de Primera División.
En la última jornada, el equipo volvió a caer por 0-1 pese a tener fases de dominio, pero con un ataque incapaz de transformar posesión en peligro real. La fotografía es siempre la misma: buenas intenciones, circulación lenta y una alarmante falta de colmillo.
La falta de gol no solo afecta al presente: también ha dejado un registro negativo en la historia del club. El Sevilla cerró 2025 con el peor registro goleador en un año natural en casi medio siglo, con su máximo anotador sumando apenas siete tantos. Una cifra que explica por sí sola la dimensión del problema.
La delantera sevillista vive en un equilibrio frágil. Isaac Romero, carga con una presión excesiva, vive un momento de desconfianza que le está pesando sobremanera y que puede ser uno de los motivos de su bajo rendimiento . Rubén Vargas, uno de los fichajes llamados a marcar diferencias, ha vuelto a lesionarse, agravando aún más la falta de alternativas. Por otra, los veteranos no terminan de dar el paso adelante que el equipo necesita.
El resultado es un ataque sin jerarquía, sin confianza y sin un referente claro.
El Sevilla no es un equipo que renuncie al balón. De hecho, en varios partidos ha mostrado intención, presión alta y fases de dominio territorial. Pero ese dominio es estéril. Como se analizó tras la derrota ante el Celta, el equipo “tuvo mucho balón, pero sin ideas ni profundidad”.
Sin desborde, sin remate y sin precisión en los metros finales, cualquier rival se siente cómodo defendiendo al Sevilla.
El mercado de invierno no ofrece demasiadas facilidades: Almeyda ya ha reconocido que reforzar el equipo es difícil por las limitaciones económicas. Pero si el Sevilla quiere escapar de la zona baja, necesita urgentemente recuperar lesionados, encontrar un goleador fiable, aumentar la agresividad en el área y mejorar la toma de decisiones en el último pase
Sin gol, no hay plan que sobreviva. Y ahora mismo, el Sevilla vive instalado en esa frontera peligrosa donde cada error se paga y cada ocasión fallada pesa como una losa.
El Sevilla no está hundido por falta de actitud ni por falta de trabajo. Está hundido por falta de gol, el recurso más caro y más determinante del fútbol. Mientras no encuentre una solución, sea táctica, emocional o de mercado, seguirá atrapado en una dinámica que amenaza con convertir la temporada en una pesadilla.

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