A 22 de enero de 2026
La recta final del mercado invernal ha traído un nombre inesperado al centro de la escena sevillista: Kike Salas, uno de los pocos futbolistas que, pese a su juventud, se ha convertido en un pilar imprescindible para Matías Almeyda. Y es precisamente esa condición, la de central titular en un momento crítico por las bajas defensivas, la que ha provocado que en Nervión la reciente oferta del CSKA Moscú haya sido recibida con más recelo que tentación.
Según diversas informaciones de alguno medios, el club ruso trasladó una oferta que oscila entre cinco y ocho millones de euros, dependiendo de las variables. El Sevilla, sin embargo, rebaja la cifra real a esos cinco millones fijos, una cantidad que no solo consideran insuficiente, sino directamente inútil para aliviar la situación económica actual del club.
La dirección sevillista entiende que aceptar una cifra tan baja no permitiría ni cuadrar el déficit presupuestario ni reinvertir en un sustituto de garantías, lo que dejaría a Almeyda con una defensa aún más debilitada. Con Nianzou lesionado y Azpilicueta entre algodones, desprenderse de Salas sería, en palabras internas, “desvestir a un santo para vestir a otro”.
El interés del CSKA no es casual. Salas, formado en la cantera sevillista y renovado hasta 2029, ha mostrado una evolución notable desde su irrupción en el primer equipo. Su perfil, central zurdo, físico, con margen de crecimiento, encaja en la tendencia de clubes europeos que buscan talento joven a precio razonable.
Pero en Nervión no están para “razonables”. El club considera que el valor de mercado del jugador puede multiplicarse en verano, cuando la situación deportiva y económica sea distinta y haya más margen para negociar sin urgencias.
La postura del Sevilla es de firmeza en tiempos de necesidad.La negativa no es solo deportiva. También es estratégica. La dirección deportiva encabezada por Antonio Cordón, entiende que vender por cinco millones un activo con proyección sería repetir errores del pasado: desprenderse de talento antes de tiempo y por debajo de su valor real.
Además, el club recuerda que el verano pasado rechazó ofertas muy superiores por otros canteranos como Juanlu, lo que refuerza la idea de que no habrá salidas a precio de saldo, por mucha necesidad económica que exista.
La situación deja al Sevilla en un equilibrio delicado: necesita vender para poder fichar, pero no puede permitirse perder a uno de sus pocos centrales disponibles. La oferta del CSKA, lejos de ser una solución, ha puesto de manifiesto la fragilidad estructural del equipo y la urgencia de reforzarse sin debilitarse aún más.
El interés del CSKA Moscú confirma que Kike Salas está en el radar europeo, pero también que el Sevilla no está dispuesto a desprenderse de él por una cifra que no compense el daño deportivo inmediato. Enero no es el momento. Verano, quizás. Pero solo si el precio refleja el valor real de un futbolista que, hoy por hoy, es mucho más que una oportunidad de mercado: es un pilar en mitad de una defensa en cuadro.






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