A 31 de enero de 2026
El Arcángel vivió una noche de las que dejan huella. Antes incluso de que el balón echara a rodar, el estadio se detuvo para rendir un emotivo homenaje a las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz. Julio y José, dos jóvenes que colaboraron en auxiliar a los heridos, realizaron el saque de honor entre una ovación sincera. Acto seguido, el estadio entero se unió en un minuto de aplausos que estremeció a todos los presentes. Fue un inicio cargado de humanidad, de memoria y de comunidad, que marcó el tono de una noche especial.
Con ese ambiente en el corazón, el Córdoba CF derrotó por 3–1 al Real Valladolid en un partido vibrante, lleno de ritmo, alternativas y un tramo final arrollador que permite a los blanquiverdes dormir en puestos de play off. El equipo de Iván Ania firmó una actuación de madurez, paciencia y pegada, culminada por un doblete decisivo de Sergi Guardiola que desató la euforia en la grada.
El encuentro comenzó con un Córdoba valiente, incisivo y decidido a mandar desde el primer minuto. Goti tuvo la primera ocasión clara tras un contragolpe conducido por Diego Bri, mientras que Fuentes rozó el gol en un remate acrobático aprovechando un error de entendimiento en la zaga pucelana. El Valladolid respondió con personalidad, pero sin filo en los metros finales, mientras los blanquiverdes acumulaban centros y llegadas por banda que no encontraban rematador.
La insistencia local encontró premio en el minuto 38. Jacobo botó una falta lateral con precisión quirúrgica y Requena, imperial en el juego aéreo, cabeceó a la red para abrir el marcador. El Arcángel rugió con un gol que hacía justicia a lo visto, pero el Valladolid no tardó en reaccionar. Meseguer, en una acción aislada pero bien ejecutada, empató en el 43 y silenció momentáneamente el estadio. El descanso parecía llegar con tablas, hasta que Juric vio la roja directa en el 48, un giro de guion que condicionaría por completo la segunda mitad.
Con uno más, el Córdoba salió tras el descanso con paciencia y orden, moviendo el balón de lado a lado y buscando grietas en un Valladolid que se replegó con una defensa de cinco. Dalisson, recién ingresado, aportó dinamismo y remates desde media distancia, mientras Xavi Sintes rozó el gol con un disparo al palo que levantó al público de sus asientos. El dominio era absoluto, pero faltaba el golpe definitivo.
Ese golpe llegó con la entrada de Sergi Guardiola. En el minuto 74, Carracedo, que firmó una actuación descomunal, encontró por fin el hueco que llevaba buscando toda la noche. Tras una jugada de tiralíneas, filtró un centro medido al corazón del área y Guardiola atacó el espacio con instinto de nueve puro para adelantar al Córdoba. El Arcángel explotó. Y apenas cinco minutos después, el delantero repitió. Otra vez Carracedo, otra vez una acción individual de quilates, otra vez Guardiola en el sitio exacto para firmar el 3–1 y sentenciar el encuentro.
El Valladolid, agotado y sin ideas, entregó definitivamente la cuchara. El Córdoba, en cambio, se gustó. Goti buscó su gol con insistencia, Percan y Adilson aportaron frescura desde el banquillo y el equipo terminó el partido volcado, ambicioso, disfrutando de un final de fiesta que conectó de nuevo a la grada con las grandes noches.
El Córdoba no solo ganó: convenció. Mostró carácter, madurez, paciencia y una capacidad de someter al rival que habla del crecimiento del equipo. Dormirá en puestos de play off con la sensación de que este proyecto tiene alma, fútbol y un estadio que empuja como en los mejores tiempos. El Arcángel volvió a latir fuerte. Y el Córdoba, también.






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