A 28 de febrero de 2026
Quedan apenas unas pocas horas para que Sevilla vuelva a detenerse. El derbi sevillano vuelve a escena este domingo a las 18:30 horas en el Estadio de La Cartuja, un escenario que acogerá un enfrentamiento cargado de tensión, identidad y mucho más que tres puntos. Sevilla FC y Real Betis se miden en un momento muy distinto para ambos, pero con una certeza común: en un derbi, la clasificación importa menos que la personalidad.
A nivel deportivo, el Real Betis llega como favorito, respaldado por una buena temporada, una mayor continuidad en su juego y una posición claramente superior en la tabla. Sin embargo, la historia reciente demuestra que el derbi es un partido emocionalmente imprevisible, donde los errores se pagan caro y los detalles deciden más que los sistemas. El equipo verdiblanco se presenta fiel a un estilo muy reconocible. Por su parte el Sevilla afronta el choque como un punto de inflexión que puede redefinir su temporada.
El conjunto dirigido por Manuel Pellegrini mantiene una identidad innegociable: control del juego a través de la posesión. El Betis construye desde atrás, atrae la presión rival y busca espacios a la espalda con una salida de balón muy trabajada. La figura del pivote es clave, con Marc Roca incrustándose entre los centrales para dar amplitud y permitir que los laterales y extremos jueguen muy abiertos. Este favorece situaciones de superioridad por bandas, donde el gran momento de forma que atrade Antony y Abde está siendo determinante.
No obstante, este modelo también tiene su cara B. El Betis asume riesgos defensivos, y cuando pierde el balón en fase de inicio sufre para poder replegar. Ante equipos que le dan prioridad al orden y al contragolpe, esas pérdidas pueden convertirse en ocasiones claras para el rival. Es ahí donde el derbi puede girar, especialmente si el equipo rojiblanco sabe esperar y castigar con transiciones rápidas.
En el lado nervionense, el Sevilla ha vivido una temporada de ajustes constantes. Con la llegada de Matías Almeyda, el equipo ha encontrado mayor estabilidad en un sistema de cinco defensas y tres centrocampistas, priorizando el orden y la seguridad atrás. El Sevilla es uno de los equipos más goleados del campeonato, y el cambio de estrategia responde a una necesidad urgente: cerrar la sangría defensiva.
En las últimas jornadas, los sevillistas han rebajado la presión alta para asentarse en un bloque medio más compacto, buscando robar y salir rápido al contraataque. Este planteamiento, opuesto al del Betis, puede resultar especialmente incómodo para los verdiblancos, ya que reduce los espacios interiores y protege la espalda de los carrileros. El trivote formado por Agoumé, Sow y Mendy aporta músculo, recorrido y equilibrio, aunque tiene poca creatividad.
Dentro de ese esquema, Djibril Sow ha ganado protagonismo ofensivo, llegando desde segunda línea y convirtiéndose en una de las principales amenazas del Sevilla en este tramo de la temporada. Su evolución simboliza el nuevo Sevilla: menos brillante, pero más competitivo. Enfrente, Pellegrini también apuesta por un centro del campo de tres, con Pablo Fornals como pieza indiscutible, y la duda entre reforzar el físico o la asociación en los interiores.
Uno de los grandes condicionantes del partido estará fuera del césped. Matías Almeyda no podrá sentarse en el banquillo debido a su sanción, y será Javi Martínez quien dirija al equipo desde la banda. Aunque el argentino seguirá el encuentro desde la distancia, su ausencia resta un componente emocional importante, ya que su intensidad y liderazgo han sido un estímulo para el vestuario. Desde el club, no obstante, transmiten plena confianza en el cuerpo técnico y en la preparación del partido.
Al margen de lo táctico, el contexto institucional y emocional pesa especialmente en Nervión. El derbi se ha convertido en los últimos años en un termómetro de la temporada sevillista. Una victoria puede calmar tensiones, alejar el descenso y cambiar el discurso, mientras que una derrota reabriría heridas, aumentaría la presión sobre la directiva y tensaría aún más el ambiente en el Ramón Sánchez-Pizjuán en el próximo partido.
En términos clasificatorios, un triunfo permitiría al Sevilla dar un paso casi definitivo hacia la permanencia, mientras que una derrota devolvería los fantasmas del descenso . Para el Betis, ganar supondría consolidarse en la zona alta y reafirmar su dominio reciente en los derbis, reforzando la sensación de un proyecto sólido y estable.
Todo apunta a un duelo físico, cerrado y muy intenso, donde ambos equipos mantendrán sus esquemas habituales sin grandes sorpresas. El Betis intentará madurar el partido con balón, mientras que el Sevilla buscará sobrevivir, resistir y golpear en el momento justo. En un encuentro así, el error mínimo puede marcar la diferencia.
Porque este no es un partido más. Es el derbi que puede cambiar la narrativa de la temporada, especialmente para un Sevilla que se juega mucho más que tres puntos. La Cartuja será testigo de una batalla de estilos, emociones y urgencias. Y como siempre en Sevilla, el derbi no se juega: se vive.






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