A 4 de marzo de 2026
El derbi sevillano volvió a dejar una estela de tensión que ha trascendido mucho más allá del 2-2 final. El Comité de Disciplina ha impuesto al Real Betis una multa de 300 euros tras el lanzamiento de dos botellas de plástico al terreno de juego, un incidente que obligó a detener el partido durante un minuto. El club verdiblanco presentó alegaciones defendiendo que la afición mantuvo un comportamiento ejemplar tras la activación del protocolo y que no hubo daños ni alteración real del encuentro, pero el Comité consideró que lo ocurrido encaja en el artículo 117 del Código Disciplinario de la RFEF, lo que implica sanción económica aunque sea en su grado mínimo.
El acta arbitral recogió que las botellas cayeron sin impactar en nadie, pero su sola presencia en el césped activó el protocolo obligatorio. El detonante fue la celebración de Isaac Romero, que corrió hacia la banda tras marcar el 2-2 y encendió los ánimos de un sector de la grada. Aunque el incidente no pasó a mayores, el Comité subraya que este tipo de conductas deben ser reprochadas y sancionadas para evitar precedentes peligrosos.
El derbi, sin embargo, dejó más consecuencias que la multa. Al margen de los incidentes que se produjeron en los alrededores y las denuncias de LaLiga contra Betis y Sevilla por cánticos ofensivos y otros comportamientos recogidos en su informe semanal, lo que podría derivar en nuevas sanciones económicas para ambos clubes, dentro del campo, el partido también dejó secuelas emocionales. El Betis, que llegó a ir 2-0, terminó cediendo un empate que provocó un enfado monumental en parte de la afición, tal y como se ha destacado en distintos análisis posteriores. El Sevilla, por su parte, salió reforzado por su capacidad de reacción, algo que ha sido señalado como una de las claves del encuentro.
Uno de los focos de la polémica fue el enfrentamiento verbal de Antony con un sector de la grada bética al finalizar el partido. El brasileño explicó después que su reacción se debió a la frustración por el resultado y a su delicado estado físico, ya que llevaba tres días con fiebre y está jugando con dolor en el pubis y el abductor. Aseguró que su gesto no iba dirigido contra la afición y que “nunca sería contra el beticismo”, insistiendo en el cariño que siente por los seguidores y en el sacrificio que está haciendo para competir.
El derbi, que registró un récord de asistencia y un ambiente eléctrico, vuelve a demostrar por qué es uno de los partidos más intensos del fútbol español. Pero también deja claro que la rivalidad, cuando se desborda, puede generar episodios que empañan el espectáculo. Entrenadores como Manuel Pellegrini han condenado públicamente los incidentes, recordando que la rivalidad “debe ser a muerte, pero solo en lo deportivo”.
Las consecuencias del partido aún pueden ampliarse si prosperan las denuncias de LaLiga, pero por ahora la sanción al Betis queda en una multa simbólica.






Más historias
LaLiga actualiza los límites salariales: el Betis cae 3,8 millones y el Sevilla evita ser el último
El Betis, el rey del empate, espera el regreso de Amrabat para iniciar el final de su recuperación
Derbi sevillano decisivo. Betis y Sevilla FC se juegan mucho más que tres puntos en La Cartuja