Sevilla, a 11 de enero de 2026
El Sevilla FC vuelve a mirar a Tanguy Nianzou con la mezcla habitual de esperanza y resignación. El central francés, castigado por un historial de lesiones tan extenso como desconcertante, podría regresar a una convocatoria ante el Celta después de perderse ocho partidos oficiales. Su vuelta, sin embargo, no cambia la sensación dominante en Nervión: cada reaparición es un regreso a la casilla de salida, atrapado en un bucle físico sin solución
Desde su llegada en 2022, Nianzou ha encadenado nueve lesiones musculares según recogen distintos medios especializados, la mayoría en el bíceps femoral derecho. El patrón es siempre el mismo: vuelve, juega uno o dos partidos, y cae de nuevo. Ni los tratamientos específicos, ni los cambios de carga, ni las consultas a especialistas han logrado romper ese ciclo.
Su última recaída llegó en noviembre… durante un entrenamiento. Y con Almeyda ya suma tres parones: en pretemporada, tras el duelo ante el Villarreal y justo antes del partido frente al Espanyol. En total, se ha perdido más de 60 encuentros oficiales desde que aterrizó en Sevilla.
Almeyda lo quiere… pero no puede contar con él
El técnico argentino ve en Nianzou un perfil que encaja perfectamente en su idea defensiva: central para jugar por dentro en línea de cinco, poderoso en el juego aéreo, agresivo en duelos y con un desplazamiento de balón superior a la media. Pero la teoría nunca se convierte en práctica. Esta temporada solo ha podido disputar cinco partidos oficiales, una cifra dramática para un futbolista que, entre ficha y amortización, es uno de los mayores costes de la plantilla.
El Sevilla vive una situación límite en la zaga. En ese contexto, recuperar a Nianzou, aunque sea de forma temporal, supone sumar un cuerpo más en una línea castigada.
El cuerpo técnico espera incluirlo en la lista ante el Celta, pero sin expectativas irreales. Nadie en el club habla de “renacer” ni de “punto de inflexión”. La prioridad es que pueda competir sin romperse… algo que no ocurre desde hace meses.
Nianzou es un fichaje que nunca despegó. Cuando llegó procedente del Bayern, fue presentado como un central de futuro, un talento precoz que había impresionado en París y Múnich. Hoy, su realidad es otra, es el jugador con más días de baja acumulados desde su fichaje, no ha logrado continuidad con ningún entrenador y su valor de mercado se ha desplomado.
El Sevilla sigue esperando que, en algún momento, aparezca el futbolista que prometía ser. Almeyda insiste porque no tiene alternativas… y porque aún cree que, si alguna vez encadena minutos, podría convertirse en un activo útil.
Así las cosas, Nianzou vuelve, sí. pero vuelve como siempre: sin certezas, sin continuidad y sin la confianza plena del entorno. El Sevilla lo recibe porque lo necesita, no porque espere milagros. Y mientras tanto, el club sigue atrapado en la paradoja de un jugador que tiene condiciones para ser importante… pero un cuerpo que no le permite demostrarlo.

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