A 3 de febrero de 2026
El Sevilla FC salió de Son Moix con una sensación que va más allá de una derrota. El equipo de Matías Almeyda no solo cayó ante un Mallorca que pelea por escapar del descenso, sino que ofreció una imagen preocupante: una defensa desbordada, un equipo sin respuestas y una fragilidad que se repite jornada tras jornada. La situación ha encendido todas las alarmas en Nervión, donde la preocupación ya no es disimulable.
La presencia de Antonio Cordón en el viaje a Mallorca, mientras el mercado invernal aún estaba abierto, alimentó la idea de que el club buscaba soluciones urgentes. Sin embargo, el cierre sin incorporaciones ha dejado al Sevilla con un único margen de maniobra: los jugadores libres. Y en ese escenario, un nombre vuelve inevitablemente a escena: Sergio Ramos.
El camero, inmerso en un proceso de negociación para adquirir acciones del club, se encuentra sin equipo tras su salida de Monterrey. Su disponibilidad, unida al desastre defensivo del Sevilla, ha reactivado un debate que divide al sevillismo.
Entre los aficionados existe un choque evidente. Una parte considera que la experiencia, jerarquía y liderazgo de Ramos podrían aportar estabilidad inmediata a una línea defensiva que se descompone con facilidad. Otros, en cambio, creen que recurrir a él sería un movimiento desesperado, un parche que no soluciona los problemas estructurales de una plantilla debilitada y sin nivel competitivo suficiente.
Pero más allá del debate sentimental, la operación está rodeada de obstáculos. El primero es económico. El Sevilla supera su límite salarial, lo que impide inscribir a nuevos jugadores sin activar mecanismos extraordinarios. Incluso si Ramos aceptara el salario mínimo, su impacto contable sería mucho mayor, como ya ocurrió con otros veteranos en situaciones similares. LaLiga exige avales y garantías que el club no tiene ahora mismo preparados.
A esa barrera se suma la situación societaria. Ramos mantiene conversaciones avanzadas para adquirir una parte significativa del accionariado del Sevilla, algo que genera dudas legales y éticas. Algunos accionistas consideran inapropiado que un potencial comprador se incorpore como futbolista mientras negocia el control de la entidad, según recogió Estadio Deportivo.
El tercer obstáculo es normativo. La RFEF aprobó hace años la conocida “Ley Anti‑Piqué”, que impide que jugadores en activo mantengan vínculos empresariales con clubes o competiciones que puedan generar conflictos de intereses. Aunque Ramos aún no es propietario, su proceso de compra podría interpretarse dentro de ese marco, lo que añade un riesgo jurídico adicional.
Mientras tanto, el equipo sigue sin rumbo. La derrota en Mallorca no fue un accidente: fue la confirmación de que el Sevilla necesita una reconstrucción profunda. La defensa es un problema urgente, pero el club está atrapado entre sus limitaciones económicas, su situación institucional y un mercado que ya está cerrado.
El regreso de Sergio Ramos aparece como una posibilidad tan tentadora como compleja. Podría aportar liderazgo inmediato, pero su llegada está rodeada de condicionantes que hacen que la decisión no sea solo deportiva, sino también económica, legal y emocional. El sevillismo debate, el club duda y el equipo se hunde. Y en medio de todo, Ramos vuelve a ser un nombre que agita Nervión.






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