A 8 de febrero de 2026
El fútbol español amaneció ayer con una noticia que ha teñido de luto a varias generaciones de aficionados: el fallecimiento de Manuel Bueno Cabral, Manolín Bueno, a los 86 años, en Cádiz, la ciudad que lo vio crecer como futbolista y como persona. Su muerte ha sido confirmada tanto por el Cádiz CF como por el Real Madrid y Sevilla FC, clubes en los que dejó una huella imborrable .
Aunque nacido en Sevilla el 5 de febrero de 1940, Manolín Bueno se crió prácticamente dentro del viejo Mirandilla, donde su padre, Manolo Bueno, trabajaba como portero, masajista y posteriormente conserje del estadio. Desde niño convivió con jugadores, balones y entrenamientos, absorbiendo un cadismo que él mismo definió como “mamado desde pequeño”, tal y como recordaba en el prólogo que escribió para la Historia del Cádiz CF .
Su debut con el Cádiz CF llegó muy pronto: con apenas 18 años, disputó 29 partidos en la temporada 1958-59, convirtiéndose en uno de los futbolistas más jóvenes en estrenarse con el primer equipo. Ya antes había jugado un encuentro de la Copa Sánchez Pizjuán y había pasado por el Balón de Cádiz, donde sufrió una grave lesión que casi lo aparta del fútbol. Sin embargo, su talento como extremo izquierdo, rápido, habilidoso y con una zurda privilegiada, llamó la atención de los grandes clubes del país .
El Real Madrid se adelantó a todos y lo incorporó en 1959. Allí permaneció doce temporadas, formando parte de una de las plantillas más legendarias del club. Su carrera en el conjunto blanco estuvo marcada por una circunstancia tan extraordinaria como desafortunada: competir por el puesto con Paco Gento, considerado el mejor extremo izquierdo del mundo en su época. Aun así, Manolín Bueno se convirtió en un jugador muy valorado por su calidad y profesionalidad, y acumuló un palmarés impresionante: dos Copas de Europa, una Copa Intercontinental, ocho Ligas y dos Copas de España .
Su papel fue tan importante que, según diversas crónicas de la época, el presidente Santiago Bernabéu se negaba a traspasarlo para no reforzar a ningún rival directo. Su figura, lejos de quedar eclipsada, se convirtió en símbolo de fidelidad, talento y sacrificio en un equipo plagado de estrellas.
En la recta final de su carrera, Manolín Bueno jugó dos temporadas en el Sevilla FC, entre 1971 y 1973, antes de colgar las botas definitivamente. El club nervionense también ha lamentado su pérdida, recordando su profesionalidad y su aportación en aquellos años de transición deportiva .
Tras su retirada, regresó al Cádiz CF en 1976 para integrarse en el cuerpo técnico dirigido por Enrique Mateos, contribuyendo al primer ascenso del club a Primera División, un hito histórico para la entidad amarilla .
Su vida estuvo siempre ligada al fútbol y, sobre todo, al Cádiz. Su abuelo, su padre y él mismo formaron una saga inseparable del viejo Mirandilla y del Ramón de Carranza. Su historia es la de un niño que creció entre camisetas amarillas, que soñó con ser futbolista y que terminó convirtiéndose en leyenda.
Cádiz, Madrid y Sevilla lloran la pérdida de un futbolista irrepetible, un extremo elegante y un hombre querido por todos. Pero también celebran la vida de un jugador que, sin necesidad de grandes titulares, escribió una de las páginas más hermosas del fútbol español.






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