15 febrero, 2026

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Sevilla FC 1 y Alavés 1. Partido de alta tensión en Nervión con resistencia, polémica y urgencias compartidas

El Ramón Sánchez-Pizjuán fue escenario de un duelo cargado de tensión entre el Sevilla FC y el Deportivo Alavés, dos equipos que llegaban a la jornada con 25 puntos y la mirada puesta en huir de la zona roja. La igualdad clasificatoria y la presión ambiental se tradujeron en un partido áspero, de mucho pulso emocional y más nervio que brillo. Desde distintos análisis posteriores se subrayó que el miedo a perder pesó tanto como la ambición por ganar, algo que se percibió especialmente en los momentos decisivos.

El conjunto dirigido por Matías Almeyda salió con la intención de imponer intensidad desde el primer minuto. Con Vlachodimos bajo palos y una línea defensiva en la que aparecían Juanlu, Azpilicueta, Nianzou, Kike Salas y Suazo, los locales intentaron presionar alto, aunque sin generar ocasiones claras en el arranque. Enfrente, el Alavés de Eduardo Coudet apostó por un planteamiento más conservador de inicio, con Sivera como guardián y hombres como Toni Martínez y Lucas Boyé preparados para castigar cualquier desajuste.

El encuentro dio un giro prematuro en el minuto 16, cuando Juanlu vio la segunda amarilla y dejó al Sevilla con diez futbolistas. La expulsión, muy protestada por la grada, condicionó el resto del choque y generó debate en redes sociales, donde muchos aficionados sevillistas la calificaron de rigurosa,

La tarjeta roja de Juanlu condicionó el guion y obligó a los nervionenses a replegar líneas y ajustar esfuerzos. Pese al contratiempo, el equipo andaluz no perdió la compostura. El esfuerzo tuvo recompensa justo antes del descanso, cuando Sow aprovechó una jugada bien trenzada para poner el 1-0 en el minuto 41. El gol desató la euforia en Nervión,  con más de 32.000 espectadores en las gradas, y en el que la afición valoró el carácter del equipo, especialmente teniendo en cuenta la inferioridad numérica. En redes, muchos sevillistas destacaban que “por fin se veía orgullo” y que el equipo “competía como antes”.

La segunda mitad fue completamente distinta. El Alavés salió decidido a dar un paso adelante y pronto se hizo dueño del balón y del ritmo del partido. Los cambios de Coudet surtieron efecto y el conjunto babazorro comenzó a encerrar al Sevilla en su área. El empate llegó en el minuto 59, cuando Toni Martínez remató de cabeza un saque de esquina para poner el 1-1. A partir de ahí, el Alavés se volcó en busca de la remontada y Boyé incluso llegó a marcar el 1-2, aunque el VAR anuló el tanto por fuera de juego.

El tramo final del partido fue un ejercicio de supervivencia para el Sevilla, que defendió con todo lo que tenía mientras el Alavés acumulaba llegadas y centros laterales. El colegiado, con un arbitraje muy polémico, expulsó, a Almeyda  de la que el técnico sevillista pidió explicaciones  y a Joan Jordán

Se añadieron once minutos de descuento, reflejo de un encuentro bronco, interrumpido y cargado de tensión. El Sevilla resistió como pudo, mientras que el Alavés lamentó no haber aprovechado su superioridad.

El empate deja a ambos equipos empatados en la zona baja, con la presión del descenso respirándoles en la nuca. Para el Sevilla, el punto sabe a alivio después de competir más de setenta minutos con un jugador menos. Para el Alavés, el sabor es amargo, pues tuvo ocasiones y dominio para llevarse la victoria. El partido, sin ser brillante, reflejó a la perfección la crudeza de la lucha por la permanencia: intensidad, sufrimiento, polémica y urgencias compartidas en un duelo que dejó claro que cada punto será decisivo en lo que resta de temporada.