A 22 de marzo de 2026
El Sevilla FC ha decidido poner punto final al ciclo de Matías Almeyda, una etapa que comenzó con ilusión y que termina envuelta en urgencias, dudas y un clima competitivo que no perdona errores. La destitución, que se oficializará este lunes, devuelve al club a un escenario que ya se ha vuelto demasiado habitual: reconstruir sobre la marcha cuando apenas quedan nueve jornadas para salvar una temporada que se ha ido torciendo sin remedio.
La derrota ante el Valencia no fue solo un tropiezo más. Fue el partido que dejó al descubierto las grietas que el club llevaba tiempo intentando disimular. El planteamiento del técnico argentino, incomprensible para muchos dentro y fuera del vestuario, terminó por agotar la paciencia de una directiva que había defendido públicamente su continuidad. Almeyda perdió en 90 minutos la credibilidad que había acumulado en meses de trabajo.
El golpe es especialmente duro para Antonio Cordón, el arquitecto deportivo que apostó por él con un contrato de tres años, dos garantizados y uno opcional, en un momento en el que el Sevilla buscaba estabilidad. Ahora, ese compromiso se convierte en un coste económico adicional para un club que no atraviesa su mejor momento financiero. El último entrenamiento del domingo fue, sin que él lo supiera, su despedida silenciosa.
Durante días, el club había intentado evitar repetir errores recientes. La destitución precipitada de García Pimienta el año pasado aún escuece en Nervión. Pero esta vez, el sector más crítico del consejo se impuso. Las conversaciones con posibles sustitutos, que se intensificaron durante el fin de semana, dejaron claro que la decisión estaba tomada. Almeyda, pese a su buena relación con la plantilla y su implicación emocional, no pudo sostenerse sobre los resultados.
El favorito para ocupar el banquillo es Luis García Plaza, con quien ya se han producido contactos y que estaría dispuesto a asumir el reto hasta final de temporada. También aparecen en la lista Diego Martínez y, aunque se valoró brevemente, quedó descartado Jesús Galván por cuestiones reglamentarias. El club quiere cerrar el relevo cuanto antes para aprovechar las dos semanas de parón antes de visitar al Real Oviedo.
La salida de Almeyda lo convierte en el octavo entrenador destituido desde Julen Lopetegui, un dato que refleja la inestabilidad que ha devorado proyectos, ideas y estilos sin dar tiempo a ninguno para asentarse. El argentino llegó con energía, con un discurso humano que caló en el vestuario y con una conexión especial con la identidad sevillista. Pero el fútbol, cuando aprieta, exige algo más que carisma.
El Sevilla está a tres puntos del descenso, una situación límite que convierte cada error en un terremoto. La derrota ante el Valencia fue especialmente dolorosa: un once difícil de justificar, cambios que no mejoraron nada y un equipo que transmitió una fragilidad alarmante. El Sánchez-Pizjuán, que había mantenido la calma, a pesar de algún que otro amago, durante buena parte del curso, estalló con gritos contra el consejo y el presidente Del Nido Carrasco.
Cordón siempre defendió que Almeyda trabajaba con recursos limitados. La venta de los dos mejores jugadores en verano y la escasa inversión condicionaron el proyecto desde el inicio. Pero incluso él reconoce que lo ocurrido ante el Valencia fue un punto de no retorno. El equipo no compitió, no reaccionó y dejó la sensación de estar a la deriva en el momento más delicado del año.
Almeyda, consciente de lo que se venía, habló con honestidad tras el partido. «No me analicen por lo que digo, sino por lo que hago. Y hoy fue malo», admitió. Fue su despedida anticipada, un mensaje que refleja la autocrítica de un entrenador que, aunque no logró resultados, sí dejó una huella humana que muchos dentro del vestuario no olvidarán.
Ahora, el Sevilla encara un tramo final que se ha convertido en un examen de supervivencia. Nueve partidos, un nuevo entrenador y un margen mínimo para el error. La historia reciente del club demuestra que sabe reaccionar en situaciones límite, pero también que la cuerda está cada vez más tensa. Nervión vuelve a vivir en vilo, esperando que este cambio, uno más en una larga lista, sea el que finalmente enderece el rumbo.






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