11 junio, 2026

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Final del playoff: Almería vs Málaga, una batalla por el ascenso con porcentajes muy igualados

A 11  de junio de 2026

El Almería ha dado un golpe sobre la mesa en el momento decisivo. Su clasificación para la final del playoff no solo ha roto un maleficio histórico, sino que ha disparado sus opciones de ascenso hasta un 56,9%, más del doble del 29,6% que tenía antes de comenzar la promoción. La victoria ante el Castellón cambió por completo el tablero y ha devuelto al equipo de Rubi a un escenario que llevaba años persiguiendo sin éxito.

El conjunto rojiblanco había caído en sus tres últimas semifinales y parecía condenado a repetir la historia. Pero esta vez no. Esta vez el Almería encontró el temple, la eficacia y el carácter necesarios para derribar una barrera que se había convertido en obsesión. Por primera vez desde su descenso, disputará la gran final por el ascenso a Primera División, un territorio donde la presión es máxima, pero también lo es la oportunidad.

El rival será un Málaga que también llega lanzado tras cumplir con los pronósticos ante Las Palmas. Los blanquiazules sueñan con regresar a la élite ocho años después, y lo hacen con unas probabilidades que también han crecido de forma notable: del 25,3% inicial al 43,1% actual. La final tendrá sabor andaluz, tensión de vieja rivalidad y un premio gigantesco para quien resista mejor los 180 minutos.

La eliminatoria arrancará este domingo en La Rosaleda, un estadio que empuja, aprieta y condiciona. Las estimaciones sitúan al Málaga con un 42,5% de opciones de ganar el partido de ida, por delante del empate (27,7%) y del triunfo almeriense (29,8%). El precedente de la fase regular, con victoria malaguista por 2‑1, alimenta esa ligera ventaja inicial. Pero la historia no se decidirá en Málaga.

Porque la vuelta será en el UD Almería Stadium, y ahí los números cambian de color. El Almería fue el mejor local de toda la Segunda División, sumando 47 puntos en casa y cediendo solo cuatro derrotas en toda la temporada. Ese rendimiento, unido al formato del playoff, convierte el segundo partido en un arma poderosa: si la eliminatoria llega igualada tras la prórroga, el ascenso será para el equipo mejor clasificado en la fase regular. Y ese es el Almería.

Los precedentes también alimentan el optimismo rojiblanco. La temporada pasada, el Real Oviedo, tercero en la tabla —la misma posición que ocupó el Almería este curso—, logró el ascenso aprovechando ese mismo factor campo. La historia reciente demuestra que llegar mejor colocado no es un detalle: es una ventaja real, estructural y decisiva.

Pero el Málaga también encuentra motivos para creer. En dos de las tres últimas temporadas, el cuarto clasificado terminó ascendiendo: primero el Deportivo Alavés, después el Espanyol. El conjunto blanquiazul se agarra a esa estadística para sostener su fe en una final que se presenta abierta, vibrante y sin un favorito claro pese a los porcentajes.

El Almería, sin embargo, llega con algo más que números. Llega con la sensación de haber superado una frontera emocional que lo perseguía desde hace años. Llega con un estadio preparado para empujar como nunca. Llega con un entrenador que ha decidido “morir con las botas puestas” y un vestuario que ha recuperado la convicción en el momento exacto.

A dos partidos del sueño, el ascenso ya no es una posibilidad remota. Es una realidad tangible, estadísticamente favorable y emocionalmente cargada. El Almería ha hecho lo más difícil: romper su techo. Ahora solo queda lo definitivo: convertir el 56,9% en un ascenso real.