A 11 de abril de 2026
El Betis atraviesa un momento extraño, una especie de tierra de nadie en la que conviven la inercia de un equipo acostumbrado a competir y la sensación de que algo se ha atascado en el engranaje. Los números hablan solos: un triunfo en los últimos nueve partidos entre Liga y Europa League. Pero más allá de las cifras, lo que inquieta es la falta de continuidad, la dificultad para imponer un ritmo reconocible y la pérdida progresiva de esa quinta plaza que durante meses pareció un territorio seguro.
Aun así, el vestuario no se rinde. Pellegrini mantiene su discurso sereno, casi obstinado, convencido de que el equipo todavía tiene margen para reaccionar. La lucha por la quinta posición sigue abierta y la Europa League se ha convertido en un desafío emocional, deportivo y hasta simbólico, especialmente ahora que España y Alemania se disputan ese ansiado billete extra para la Champions. El Betis quiere estar ahí, pero necesita reencontrarse consigo mismo.
El duelo en El Sadar aparece como una oportunidad para romper la dinámica y, sobre todo, para recuperar sensaciones antes de la gran cita del jueves en La Cartuja, donde los verdiblancos buscarán algo histórico: meterse por primera vez en semifinales de la Europa League. Para llegar con el pulso firme, el equipo necesita un partido que sirva de punto de apoyo, un encuentro que devuelva confianza y orden.
El problema está en el centro del campo. El experimento Amrabat–Marc Roca no termina de cuajar y el equipo lo nota en cada transición. Altimira es, por ahora, el único que aporta algo de claridad en la salida, mientras que Lo Celso avanza en su recuperación y podría convertirse en la pieza que cambie el paisaje. Fornals, más cómodo por dentro que en la banda, también está llamado a asumir más peso. Otros, como Deossa o Fidalgo, necesitan dar un paso adelante para dejar de ser apariciones esporádicas.
La semana ha dejado una duda que sobrevuela sobre la afición verdiblanca: ¿volverá Lo Celso a la convocatoria después de entrenar con normalidad? Su presencia, aunque sea desde el banquillo, sería un mensaje de esperanza. También está por ver si Isco viajará con el grupo, aunque no juegue, para ejercer ese liderazgo silencioso que ya mostró en Braga. En defensa, Álvaro Valles regresará a la portería y Bellerín apunta a recuperar el lateral derecho si está en condiciones. Llorente será otra de las novedades en un once que no variará demasiado en ataque, donde Bakambu ya está listo para competir desde el inicio.
Con todos estos matices, el once probable del Betis ante Osasuna se perfila así: Álvaro Valles; Bellerín, Llorente, Natan, Valentín, Ricardo; Amrabat, Altimira; Fornals, Antony, Abde y Cucho Hernández.
El Betis vive un momento de frontera: ni hundido ni pleno, ni roto ni brillante. Un equipo que resiste mientras busca el interruptor que reactive su mejor versión. En Pamplona tendrá una nueva ocasión para demostrar que, pese al bache, aún conserva la ambición y el carácter necesarios para cambiar la historia de su temporada. Y quizá, también, para empezar a escribir una nueva.






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