A 21 de junio de 2026
España necesitaba un partido así. Después del arranque gris ante Cabo Verde, la Selección apareció en Atlanta con una versión reconocible, dominante y ambiciosa, firmando un 4-0 rotundo ante Arabia Saudí que cambia el tono del Mundial y devuelve al equipo la autoridad que se le exige. Desde el primer segundo, España jugó con intención: Lamine Yamal tocó su primer balón y ya encaraba, ya desequilibraba, ya marcaba el ritmo de un partido que pedía electricidad. El balón era español, sí, pero esta vez no para dormirlo, sino para herir.
El primer golpe llegó pronto. En el minuto 10, tras una recuperación alta y una jugada rápida, Oyarzabal filtró un pase de la muerte perfecto y Lamine apareció en el segundo palo para empujar el 1-0. Un gol que no solo abría el marcador: abría el Mundial de España. El dato lo subraya: Lamine se convirtió en el segundo jugador de 18 años o menos en abrir un marcador mundialista, solo por detrás de Pelé en 1958. Una señal de que el futuro ya está aquí.
A partir de ahí, el partido se convirtió en territorio Oyarzabal. El delantero de la Real Sociedad firmó un doblete en apenas dos minutos que dejó a Arabia sin respiración. Primero, en el 21’, cazó un balón suelto tras un córner mal defendido y lo mandó a la red con la frialdad de un killer. Luego, en el 23’, culminó una jugada coral deliciosa: toque de Cucurella, asistencia de Dani Olmo y definición impecable. España ganaba 3-0 antes de la pausa de hidratación, y el partido ya tenía dueño. Oyarzabal, que venía de un debut discreto, se reivindicó con una contundencia que recuerda por qué es uno de los hombres de confianza de De la Fuente.
El dominio español fue absoluto. Rodri mandó como un metrónomo, Pedri conectó líneas, Baena dio continuidad, Porro y Cucurella fueron puñales constantes. Arabia apenas pudo cruzar el centro del campo con peligro. España no solo tuvo la pelota: la usó para hacer daño, para acelerar, para llegar, para rematar. La diferencia con el partido anterior era evidente en cada jugada, en cada recuperación, en cada ataque.
Nada más comenzar la segunda parte llegó la sentencia. Un disparo de Cucurella lo rechazó Al Owais, pero el balón rebotó en Altambakti, que terminó introduciéndolo en su propia portería. 4-0 y partido cerrado. A partir de ahí, De la Fuente rotó: entraron Ferran, Yeremy, Merino, Nico… y España bajó una marcha, aunque aún tuvo tiempo para que Ferran marcara un gol que el VAR anuló por fuera de juego tras una revisión eterna que congeló el estadio.
El tramo final sirvió para administrar esfuerzos y para confirmar que la Selección, cuando juega con intención, es un equipo temible. España recuperó sensaciones, recuperó pegada y recuperó autoridad. Lamine volvió a ser diferencial, Oyarzabal firmó una actuación de líder, Rodri sostuvo todo y la defensa apenas concedió. Incluso Unai Simón, casi sin trabajo, dejó una parada que recordó que también está ahí cuando hace falta.
Este 4-0 no es solo una goleada: es un mensaje. España necesitaba un partido así para creer, para asentarse, para mirar al Mundial con ambición real. Con esta victoria, la Selección se coloca líder del grupo y encara el duelo ante Uruguay con otra cara, otra energía y otra confianza. Atlanta fue el punto de inflexión. Si esta es la versión que se mantiene, España puede aspirar a todo.






Más historias
España-Inglaterra, Europeo Sub-21 2025: Previa, alineaciones probables, horario, fecha y dónde ver en TV y online en streaming