A 27 de junio de 2026
España sobrevivió a una noche áspera, bronca y llena de trampas en Guadalajara para cerrar el grupo como primera y enviar a Uruguay a casa en una eliminación que duele, que pesa y que deja cicatrices.
El partido fue una guerra desde el primer minuto, un escenario de golpes, protestas y tensión en el que la selección de De la Fuente tuvo que aprender a resistir más que a jugar. Mientras tanto, en otro punto del mapa, Cabo Verde hacía historia y se clasificaba como segunda de su grupo, convirtiéndose en el inesperado rival de Argentina en los dieciseisavos de final. Un contraste brutal entre la épica y el derrumbe.
España arrancó el duelo intentando imponer su ritmo, pero Uruguay mordió arriba desde el primer segundo. Bielsa había avisado: quería que España no tuviera la pelota. Y lo cumplió. Lamine Yamal, vigilado como si fuera un peligro nuclear, apenas encontraba metros. Pedri recibía golpes sin castigo. Oyarzabal protestaba cada acción. Canobbio, con la mecha corta, repartía desde el minuto uno. El árbitro, incapaz de controlar el partido, dejaba crecer una tensión que se convirtió en el hilo conductor del encuentro.
El momento que cambió todo llegó en el minuto 42, un instante que ya es parte de la historia del Mundial. Tras una entrada de Ugarte Oyarzabal tuvo que salir del campo mientras Rodri al árbitro porque no pita una. Tras varios minutos el delantero español se quejaba de que seguía retenido fuera del campo. España atacó con diez y Baena, en la posición del delantero, giró y golpeó. Muslera puso las manos blandas y se tragó el balón. Una cantada monumental en el peor momento posible. Uruguay 0-España 1.
En el minuto 43 se quedaba Ugarte en el césped. Se había hecho daño él solo y entraba la camilla a por él. El golpe psicológico fue devastador: Uruguay perdió a su mediocentro y regaló un gol que lo dejaba al borde del abismo. Bielsa reaccionó con un gesto que solo él puede firmar: Muslera, al banquillo en el descanso.
La segunda parte fue todavía más sucia. Uruguay, desesperada, se lanzó a una intimidación constante. Canobbio siguió repartiendo hasta que finalmente vio la roja por una entrada salvaje sobre Cubarsí. De la Cruz dejó una patada durísima a Nico Williams. Sanabria pisó a Lamine.. El árbitro, superado, nunca logró imponer autoridad. España, sin brillo pero con oficio, manejó los tiempos, los cambios y los nervios. Ferran estrelló un balón en el larguero, Dani Olmo rozó el segundo y Unai Simón respondió cuando por fin Uruguay probó sus guantes. La Roja resistió como pudo y cuando el reloj marcó el 96, el estadio explotó: España primera de grupo, Uruguay eliminada.
Mientras tanto, en Houston, Cabo Verde firmaba una hazaña histórica. Empató con Arabia Saudí, sumó tres puntos y se clasificó como segunda de grupo en su primer Mundial. Un país de medio millón de habitantes, una selección sin estrellas, un equipo que no ha perdido un solo partido y que ahora se gana el derecho a jugar contra Argentina en Miami. La selección de Bubista se ha convertido en la historia más hermosa del torneo, un ejemplo de orden, fe y resistencia que ya ha capturado la atención mundial.
El cierre del grupo dejó una imagen poderosa. España esquiva a Argentina y llega a dieciseisavos con autoridad, aunque con la sensación de haber sobrevivido más que dominado. Uruguay se despide en uno de los fracasos más duros de su historia reciente, desquiciada, sin gol y sin control. Cabo Verde emerge como la revelación absoluta del Mundial, un invitado inesperado que ha roto todos los pronósticos.
Una noche de guerra en Guadalajara. Una madrugada de gloria en Houston. Y un Mundial que, de repente, tiene nuevos protagonistas y nuevas historias que contar.






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