25 octubre, 2026

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Una venta en medio del huracán

Kiat Lim compra el Valencia "a escondidas"

El Valencia vendió el pasado viernes parte de su accionado a Pitchwise Holdings, empresa comandada por el propio hijo de Peter Lim, el cual se quedará un porcentaje cercano al 49% de la propiedad del conjunto valencianista. Todo ello coincide estando el club de Mestalla en la peor etapa sin duda en lo deportivo: sin ganar en Mestalla, hundido en la tabla clasificatoria y de nuevo señalando a los jugadores en cuanto al mal hacer que está aconteciendo.

Compra inesperada

De la noche a la mañana saltó la noticia: una empresa comandada por Kiat Lim compraba el Valencia. Dicha, de origen norteamericano y mano muy metida en el futbol americano, además, invertía 100 millones de euros en el apartado deportivo, que tan abandonado lleva desde varios años atrás, cogido con pinzas en cuanto a una inversión realmente escasa (mismamente en verano tan solo fueron 10 millones de euros)

400 son los millones que pagó la empresa de Kiat por ese casi cincuenta por cien de los derechos del conjunto de Mestalla, que no solo engloba el primer equipo masculino. Dado que todo lo relacionado con los estadios, instalaciones o equipos filiales o femenino, también va dentro de un paquete que ronda los 1.250 millones de euros pese a encontrarse en un estado de deterioro a todos los niveles (filial hundido en 2da B o femenino recién ascendido y con problemas)

La reacción de la parroquia no fue más que la esperada: un poco de aire fresco tras doce años donde Lim no ha hecho más que ejecutar al Valencia y hacerlo muy pequeño. El singapurense, aún «no haber sacado petróleo» en lo deportivo, apunta a llevarse buenas tajadas por una futurible venta que parece que se va firmando. Se ahorra lo edificado en el estadio nuevo, no deberá pagar más deuda. Todo un contubernio con ayuda de los políticos que han llevado al asiático a tener una estancia casi soñada en Valencia: donde ha tenido que invertir al inicio (como es obvio) pero luego perder dinero, como tal, no lo acabará haciendo muy a pesar de apuntar a dejar al Valencia unos cuantos peldaños por debajo de donde lo cogió.

Un Valencia

Lo que vive el Valencia sobre el campo es sin duda el culmen de tantos años de desinterés por parte de la familia lim y una inversión más a desgana que con cabeza, que ha llevado al Valencia a tener un equipo mal configurado, carente de muchas piezas y que, a día de hoy, se ha acostumbrado a estar en la parte baja de la clasificación.

Hasta más de 40 jornadas desde hace un lustro ha estado el Valencia en descenso, triplica las poquísimas que ha estado en posición europea. Siendo esta temporada donde el equipo peor pinta. No ha sumado de 3 puntos todavía en Mestalla, el estilo de juego del equipo pasa por defenderse antes que crear peligro arriba o querer llevar la voz cantante de los partidos. Y, sobre todo, la falta de calidad que asedia la plantilla lleva al equipo a estar totalmente desarticulado en gran parte de las zonas del campo.

Todo ello se suma a una actitud totalmente desmoralizada y distante de los jugadores. Una que sin duda, se «contagia» a posteriori a lo que el equipo enseña sobre el campo. Cúmulo de cosas que Javier Aguirre tampoco ha sabido solucionar, sumando solo 2 puntos de 9 posibles, amordazado por «la clase noble» del equipo, con ese sistema que está dejando frío a más de uno y con decisiones como las de apartar a los canteranos de la dinámica de titularidad -cuando venían siendo lo mejor de la plantilla- que agrandan más si cabe los problemas que tiene el Valencia a día de hoy. Que si de medicina hablásemos, estaría sin duda en primeros auxilios, o como también se dice en italiano: incurabili.

Promesas futuras, presente asfixiante

Uno de los conceptos que es tredding en el conjunto valencianista desde que las obras del Nou Mestalla son una realidad no es más que prometer «un futuro mejor» para el Valencia, ante un presente cogido por pinzas ante el mal hacer del equipo en la competición liguera.

La entrada del nuevo grupo inversor también ha hecho sonar dicha cantinela de un futuro más resplandeciente que este presente de muchas dudas. Lo que evidencia la poca gana de «reconocer»por parte de los ejecutores que han llevado al Valencia a dicha situación, el mal estado en el cual se encuentra el club actualmente. De ahí que solo les quede agarrarse a un futuro, que sin presente, no existe.

No solo se vio con Solís en la tarde del encuentro ante el Villarreal. Ron Gourlay ya portaba esa cantinela llevando poco en Valencia. Siendo la banda sonora por excelencia de un Valencia que no le queda otra que romantizar un futuro al mismo tiempo que lleva a cabo la incongruencia de seguir jugando con fuego en el presente (pese que las memorias pasadas recientes, no jueguen a su favor)