16 enero, 2026

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El Sevilla se hunde: dolor, rabia y una directiva acusada de llevar al club al abismo

Sevilla, a 4 de enero de 2025

El Sevilla FC vivió ante el Levante UD una de las tardes más oscuras de su historia reciente. No solo cayó 0-3 en casa ante el último clasificado, algo que jamás había ocurrido, sino que lo hizo mostrando una imagen de absoluta descomposición deportiva e institucional. Nervión no asistió a una derrota: asistió a un síntoma terminal.

El ambiente lo decía todo desde el inicio. La grada, cansada de meses de deriva, volvió a entonar un grito que ya es habitual pero que esta vez sonó con una fuerza distinta, casi desesperada: “¡Junior, vete ya!” Un clamor que retumbó en el Sánchez-Pizjuán y que simboliza el hartazgo de una afición que siente que el club se le escapa de las manos.

Porque la derrota no se explica solo por lo que ocurre en el césped. Se explica por lo que ocurre arriba. El Sevilla es hoy un club sin rumbo, sin planificación y sin estructura. La directiva ha llevado al equipo de competir en Europa a pelear por no descender en un tiempo récord. La plantilla es el reflejo de esa decadencia: corta, descompensada, sin jerarquía y sin alternativas reales.

El banquillo ante el Levante fue la prueba más evidente: Isaac Romero sin marcar desde octubre, Januzaj como revulsivo, Jordán fuera de los planes, Cardoso con tres partidos, Nyland y cuatro canteranos. Con ese escenario, pedir milagros es una falta de honestidad.

El equipo que hace tres meses goleó 4-1 al Barcelona suma ahora siete derrotas en los últimos diez partidos de Liga, además de la eliminación en Copa ante el Alavés. Y lo más grave: la sensación de que nadie en la planta noble sabe cómo frenar la caída.

La afición, que siempre ha sido el motor del club, se marchó entre pitos, resignación y rabia. “Esto es de segundazo”, se escuchaba en los pasillos del estadio. Y  esta vez  esa frase no sonaba exagerada.

Matías Almeyda, que no es el culpable pero sí el rostro visible del desastre, fue claro tras el partido: “El equipo va a tener que competir hasta el último segundo para salvarse. Esta es la realidad, y quien no la vea tiene un problema.” Una frase que, sin decirlo, apunta hacia arriba.

Porque el problema no es perder. Es cómo se pierde. Es la falta de identidad, de intensidad, de jerarquía y de ambición. Es ver a un equipo apático, sin alma, sin velocidad y sin capacidad de respuesta ante el colista. Es comprobar que el club que hace no tanto levantaba títulos ahora parece incapaz de ganar un partido clave en su propio estadio.

Porque el Sevilla no está solo mal. Está roto. Deportivamente, emocionalmente e institucionalmente. La goleada del Levante no es un accidente: es la consecuencia lógica de años de decisiones erráticas, luchas internas y una directiva incapaz de asumir la magnitud del desastre.

El 0-3 es un marcador histórico. Pero lo verdaderamente histórico es la sensación de que el Sevilla FC ha perdido su identidad. Y mientras la directiva siga mirando hacia otro lado, el abismo estará cada vez más cerca. Y Nervión, que nunca falla, lo ha gritado alto y claro: “Junior, vete ya»