A 19 de enero de 2026
La Copa del Rey vuelve a encender el pulso del fútbol español con un emparejamiento que destila tradición, tensión competitiva y un aroma inequívoco a gran noche: Real Betis Balompié vs Atlético de Madrid, un cruce que el sorteo celebrado en Las Rozas ha colocado en el camino hacia las semifinales.
El conjunto verdiblanco llega a esta ronda con la sensación de haber recuperado el pulso competitivo en el torneo. Ha superado eliminatorias complejas, incluyendo visitas incómodas y rivales de distintas categorías, y ahora se encuentra ante un desafío mayúsculo: un Atlético que históricamente le ha sido esquivo en Copa, pero al que recibirá en un escenario que equilibra fuerzas y alimenta la ilusión.
La eliminatoria se disputará a partido único, un formato que siempre favorece al que sabe interpretar los momentos y manejar la emoción. Y si algo tiene el Betis, especialmente en noches grandes, es capacidad para incendiar el ambiente y convertirlo en un factor diferencial.
El equipo de Diego Pablo Simeone llega a estos cuartos como el único representante de la Comunidad de Madrid que sigue vivo en la competición, tras la sorprendente eliminación del Real Madrid a manos del Albacete. Ese detalle no es menor: coloca al Atlético en una posición de responsabilidad, pero también de ambición.
Los rojiblancos ya saben lo que es ganar esta temporada en Sevilla , lo hicieron en Liga por 0-2 y cuentan con precedentes favorables en Copa, como aquel cruce de la 2012-13 que acabó con el Atlético levantando el título. Pero este Betis no es el de entonces, y el contexto tampoco.
Este emparejamiento enfrenta dos maneras de entender el fútbol, El Betis, que busca dominar desde la pelota, con ritmo, pausa y creatividad y el Atlético, que ha evolucionado hacia un juego más propositivo, pero que sigue siendo un equipo temible en escenarios de máxima exigencia.
Ambos llegan con argumentos sólidos, pero también con interrogantes, y eso es precisamente lo que convierte este cruce en uno de los más atractivos de la ronda.
El partido se disputará en La Cartuja, un estadio neutral que añade un matiz especial a la eliminatoria. No será el Villamarín, pero sí un campo donde el Betis ha vivido noches memorables y donde su afición sabe hacerse notar. Para el Atlético, será territorio conocido, pero no necesariamente cómodo.
Lo que está en juego no es solo un billete a semifinales. Es la posibilidad de dar un golpe sobre la mesa en una Copa que este año ha demostrado ser imprevisible, vibrante y abierta como pocas. Para el Betis, sería reafirmar su crecimiento competitivo. Para el Atlético, consolidar su condición de candidato real al título.
Y para el aficionado neutral, un regalo: un duelo que promete intensidad, emoción y un guion que nadie puede escribir de antemano.






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