4 febrero, 2026

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Fallece Manolo Toledano, eterno recreativista con una huella imborrable en el Polideportivo Almería

A 23 de enero de 2026

La muerte de Manuel Toledano Prieto, a los 60 años, ha sacudido a dos aficiones que lo sintieron como propio: el Recreativo de Huelva, su casa, y el Polideportivo Almería, donde vivió una de sus etapas más intensas como futbolista. Su trayectoria, tejida entre sacrificio, talento y una fidelidad poco común, deja un legado que hoy reivindican con emoción quienes compartieron vestuario, grada o vida con él.

En Huelva no se habla de Toledano como un jugador más. Se habla de una leyenda, de un chico que debutó con apenas 16 años y que se convirtió en el goleador más joven en la historia del club. Su irrupción fue tan precoz como inolvidable, y su vínculo con el Decano se mantuvo intacto incluso cuando la vida lo llevó por otros caminos.

Tras su primera etapa, salió con 19 años rumbo al Levante, pero su corazón seguía en el Colombino. Volvió pronto, y lo hizo para seguir creciendo antes de emprender su segunda aventura lejos de casa: Almería. Aun así, su historia con el Recre no terminó nunca. Tras colgar las botas, regresó para ocupar todos los roles posibles: director deportivo, coordinador de cantera, entrenador del filial y referente moral del club. Su figura era tan transversal que en Huelva se le recuerda como “un hombre de club” en el sentido más puro del término .

Su fallecimiento ha dejado una herida profunda en el recreativismo, que lo despide como a uno de los suyos: un futbolista brillante, pero sobre todo un ser humano cercano, querido y siempre dispuesto a ayudar .

Si Huelva fue su hogar, Almería fue su prueba de fuego. Llegó con 21 años, reclamado expresamente por Antonio Oviedo Saldaña, para reforzar un proyecto ambicioso que soñaba con el ascenso a Segunda. Aquel Polideportivo Almería reunía a nombres de peso, Gárate, Mané, Manolillo, Andújar, Godoy  y fichajes de nivel como Quique, Sahuquillo o Gallardo. Toledano era la pieza que faltaba.

Su llegada alivió la carga del veterano Julio, y ambos compartieron minutos, goles y responsabilidad. El equipo compitió con los mejores mientras hubo recursos, pero la realidad económica terminó imponiéndose. Los impagos, el despido de Oviedo en Nochebuena y la llegada de Manolo Ruiz Sosa marcaron una temporada que Toledano sostuvo como pudo.

En Almería se le recuerda como un delantero fiable, trabajador y respetado, que llegó como apuesta de futuro y se marchó dejando una huella de honestidad y entrega. Su paso por el Poli coincidió con una etapa de ilusión truncada por la falta de recursos, pero su figura quedó asociada a los años en los que Almería soñó con volver a la élite.

Toledano no solo fue un símbolo en Huelva y Almería. Su carrera lo llevó también al Málaga, con el que jugó en Primera División en la temporada 1989-90, y al Xerez, donde siguió demostrando su olfato goleador. Pero siempre volvía a casa. Su vida deportiva y personal giró en torno al Recre, al que regresó una y otra vez, como si el destino insistiera en que su historia debía escribirse allí.

Tanto en Huelva como en Almería, la noticia de su fallecimiento ha despertado un sentimiento común: gratitud. Gratitud por su fútbol, por su carácter afable, por su cercanía con los aficionados y por su manera de entender este deporte.

En el Colombino lo despiden como a un hijo. En Almería, como a un profesional ejemplar que honró su camiseta. En ambos lugares, como a un hombre bueno.

Manolo Toledano fue más que un delantero. Fue un puente entre dos ciudades que hoy lo lloran juntas.