A 23 de enero de 2026
El Real Betis atraviesa uno de esos momentos en los que la temporada parece comprimirse en una sola semana. La derrota en Salónica no solo supuso el primer tropiezo en la Europa League, sino que volvió a poner en evidencia un problema que ya no se puede maquillar: la enfermería está desbordada y la planificación deportiva vuelve a quedar en entredicho.
Mientras Manuel Pellegrini intenta mantener el equilibrio emocional del vestuario, esa serenidad que lo caracteriza tanto en la euforia como en el desastre, la realidad es que el equipo llega a Mendizorroza con un once cogido con alfileres y con un mercado de fichajes que se ha convertido en una obligación más que en una oportunidad.
El parte médico se ha convertido en lectura obligada para los verdiblancos. A las bajas ya conocidas de Junior, Bellerín, Isco, Cucho, Amrabat y Riquelme, se han sumado Aitor Ruibal y Giovani Lo Celso, ambos lesionados en Grecia. A ellos se añaden las dudas de Antony, con molestias en el pubis, aunque parece que podría estar frente al Alavés y de Ricardo Rodríguez, que regresó tocado del duelo europeo.
La cifra es demoledora: una decena de jugadores entre lesiones y molestias, un escenario que coincide con lo que varios medios han descrito como una tendencia preocupante en la temporada bética, con más de treinta incidencias musculares acumuladas en cinco meses .
La acumulación de partidos, la exigencia de competir en tres frentes y ciertos episodios de mala fortuna —como el doble percance de Isco y Amrabat ante el Utrecht, han encendido todas las alarmas. En el club ya se habla de la necesidad de revisar procesos, cargas y planificación física.
Si algo dejó claro la derrota ante el PAOK es que el Betis necesita un delantero y un lateral izquierdo con urgencia. No es una sorpresa: era evidente en verano y lo es aún más ahora. Sin embargo, la dirección deportiva sigue atrapada en el mismo círculo vicioso de cada ventana: sin salidas no hay entradas, y sin entradas el equipo se resiente.
La situación económica del club, reconocida públicamente por su presidente, obliga a cuadrar cuentas antes de acometer fichajes.
Mientras tanto, el mercado avanza y el Betis continúa esperando ese “efecto dominó” que permita liberar fichas y salarios para reforzar posiciones clave. La dirección deportiva trabaja, pero la sensación es que todo volverá a resolverse en los últimos días, como ya ocurrió con Antony o Cucho en ventanas anteriores .
Después de partido de anoche, en apenas una semana, el beticismo ha pasado de celebrar la victoria ante el Villarreal a lamentar una derrota europea y una plaga de lesiones. Este péndulo emocional es habitual en el Betis, pero la situación actual exige algo más que paciencia: exige decisiones.
El equipo necesita refuerzos, pero también necesita recuperar efectivos, estabilizar su rendimiento y reencontrar la solidez que lo llevó a competir con ambición en Europa. Pellegrini, una vez más, deberá tirar de grupo, de jerarquía y de ese carácter que tantas veces ha rescatado al Betis en momentos críticos.






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