4 febrero, 2026

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Europa League: el Betis necesita ganar hoy para evitar dos duelos adicionales en un mes crítico

A  29 de enero de 2026

El duelo entre Betis y Feyenoord en La Cartuja no es solo el cierre de la fase de liga de la Europa League: es un ejercicio de gestión de recursos, lectura estratégica y resistencia competitiva. Ambos equipos llegan condicionados por las bajas, pero con necesidades muy distintas y con un margen de error prácticamente inexistente.

El conjunto de Pellegrini afronta el partido con un objetivo que va más allá del resultado inmediato: evitar los dieciseisavos. Clasificarse entre los ocho primeros no solo supone un salto deportivo, sino también un alivio logístico en un calendario que amenaza con saturarse en febrero.

El Betis llega con siete ausencias relevantes, lo que obliga al técnico a ajustar su estructura. La baja simultánea de perfiles creativos (Isco, Lo Celso, Riquelme) y de equilibrio (Amrabat) reduce la capacidad del equipo para controlar ritmos y gestionar posesiones largas. Esto puede derivar en un Betis más vertical, más dependiente de la eficacia en campo contrario y más expuesto a transiciones.

El análisis interno del club es claro: ganar hoy significa liberar dos semanas clave para preparar LaLiga y la Copa del Rey. Perder ese privilegio implicaría añadir dos partidos de máxima exigencia en un mes ya sobrecargado.

Por su parte, el equipo de Van Persie llega con un escenario mucho más restrictivo. Solo le vale ganar, y aun así no depende de sí mismo. La acumulación de bajas en defensa y la pérdida de dos atacantes a última hora obligan al técnico neerlandés a modificar su plan habitual.

Con una zaga debilitada, es probable que el Feyenoord opte por un bloque más compacto, reduciendo riesgos y tratando de explotar errores del Betis en salida. Sin embargo, la obligación de ganar puede empujarlo a asumir riesgos en fases avanzadas del encuentro, especialmente si los resultados en otros campos no acompañan.

Ambos equipos llegan con necesidades contrapuestas, pero con un denominador común: la presión. El Betis debe controlar el partido sin desgastarse en exceso; el Feyenoord debe acelerarlo sin desordenarse. Ese choque de ritmos puede marcar el desarrollo del encuentro. Si el Betis logra imponer posesiones largas, reducirá la exposición defensiva y obligará al Feyenoord a correr detrás del balón. Si el Feyenoord consigue un partido más caótico, con transiciones y duelos individuales, puede explotar las bajas verdiblancas y generar incertidumbre.

El Betis parte desde la octava posición, el último puesto que da acceso directo a octavos. La victoria prácticamente garantiza el objetivo. El empate o la derrota lo dejan expuesto a combinaciones desfavorables que podrían enviarlo a los dieciseisavos.

En términos de planificación deportiva, la diferencia es enorme: Clasificar directo: dos semanas de descanso competitivo, más preparación táctica y menos riesgo de lesiones, mientras que ir a dieciseisavos: dos partidos adicionales de máxima exigencia en un mes ya saturado.

Pero  hay un hecho diferencial. El Betis  juega en la Cartuja. El estadio sevillano ha sido históricamente un escenario favorable para el Betis, tanto por ambiente como por rendimiento. En un partido donde la gestión emocional será clave, jugar en casa, aunque no sea el Villamarín, puede aportar estabilidad en los momentos críticos.