A 31 de enero de 2026
El Betis anda estos días con un quebradero de cabeza. Todo gira alrededor de Bakambu, un futbolista que llegó con ilusión, que ha dejado detalles, pero que ahora mismo es el gran nudo que condiciona el mercado. Y lo curioso es que, mientras el club necesita que salga para poder moverse, él no tiene ninguna prisa por hacer las maletas. De hecho, si por él fuera, seguiría en Sevilla tan tranquilo.
Propuestas no le faltan: Genoa, Oviedo, Alavés, Inter de Porto Alegre y hasta dos equipos de Arabia Saudí han llamado a su puerta. Pero Bakambu, a sus 34 años, ya no está para aventuras exóticas ni para cambiar de continente cada seis meses. Tiene el Mundial entre ceja y ceja y quiere estabilidad, rutina, un sitio donde entrenar, competir y llegar en forma. Y si tiene que elegir, lo tiene clarísimo: España antes que cualquier otro destino. Y si puede ser el Betis, mejor todavía.
El problema es que quedarse en el Betis significa aceptar un papel secundario, casi testimonial. Pellegrini ya ha dejado claro que no cuenta con él, y no hace falta ser un experto para darse cuenta. El técnico ha pasado página y el club también, pero Bakambu no termina de dar el paso. Incluso contempla un escenario muy suyo: aguantar hasta el Mundial, jugarlo, y después quedar libre para elegir destino sin ataduras. Una jugada inteligente para él, pero un quebradero de cabeza para el Betis.
Mientras tanto, en Heliópolis se manejan dos planes. Si Bakambu sale, el club irá a por un delantero contrastado, alguien que llegue, se ponga la camiseta y empiece a sumar desde el primer día. Si se queda, tocará apostar por un perfil joven, más barato, más de futuro que de presente. Y claro, el tiempo corre y el mercado no espera a nadie.
Y en medio de todo este ruido, aparece Guido Rodríguez desde Valencia con una sonrisa tímida y un mensaje que toca la fibra: «Va a ser muy especial jugar contra el Betis». Guido es de esos jugadores que dejan huella sin hacer ruido, de los que se ganan el cariño a base de trabajo, carácter y honestidad. Su presentación en Mestalla fue un recordatorio de lo rápido que cambia el fútbol: hace nada era pilar del Betis, ahora empieza una nueva etapa vestido de blanco y negro.
El Betis, mientras tanto, sigue mirando el reloj y esperando que el dominó del mercado empiece a caer. Todo depende de Bakambu, de lo que quiera, de lo que decida y de cuándo lo haga. Y así está el beticismo: entre la paciencia, la incertidumbre y esa sensación tan nuestra de que todo se resolverá al límite, como siempre.






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