A 22 de mayo de 2026
La venta del Sevilla FC avanza, pero sigue sin resolverse. El proceso continúa abierto, sin firma y sin ruptura, en un clima de tensión que mantiene al club en un limbo institucional mientras el calendario aprieta y la planificación deportiva permanece congelada. Este viernes se produjo una nueva reunión telemática entre los abogados de los principales accionistas —encabezados por Alberto Pérez‑Solano— y los representantes legales del grupo comprador, formado por Sergio Ramos y Five Eleven Capital. El encuentro, celebrado por videoconferencia, forma parte de la cadena de contactos que ambas partes mantienen desde hace semanas para ajustar los términos del contrato definitivo.
La reunión avanzó sin sobresaltos, pero dejó claro que todavía quedan asuntos por cerrar. El acuerdo jurídico está muy avanzado, pero no completado. Según distintas fuentes consultadas, el proceso vive un momento emocionalmente delicado dentro del club: la operación, valorada en torno a 275 millones netos tras descontar deuda y pérdidas, condiciona cada decisión interna y ha generado un clima de incertidumbre que se extiende desde los despachos hasta el vestuario.
Los puntos que mantienen la operación en pausa son dos, ambos de carácter técnico, pero ninguno lo suficientemente grave como para romper la negociación. El elemento clave sigue siendo el mismo desde hace días: la acreditación de las garantías financieras por parte del grupo comprador. Hasta que ese requisito no quede solventado, el contrato no puede elevarse a notaría.
La LOI (carta de intenciones) fija el 29 de mayo como fecha límite del periodo de exclusividad, aunque ambas partes contemplan una prórroga si fuera necesaria. El problema es que el tiempo corre en contra del club. La dirección deportiva necesita activar decisiones urgentes —entrenador, director deportivo, salidas, fichajes— y no puede hacerlo mientras la propiedad esté en el aire. El mercado ya se mueve y el Sevilla corre el riesgo de llegar tarde a operaciones clave.
En el entorno del club preocupa especialmente la parálisis deportiva. No hay avances en la elección del entrenador para la próxima temporada, ni en la reestructuración del área deportiva, ni en la planificación de altas y bajas. La economía de guerra que arrastra la entidad obliga a actuar con precisión y anticipación, pero la falta de una hoja de ruta clara impide avanzar. La ampliación de capital, necesaria para estabilizar las cuentas, tampoco puede ejecutarse en uno o dos meses, lo que complica aún más el escenario.
Mientras tanto, la afición vive el proceso con una mezcla de esperanza y desconfianza. La posibilidad de un cambio de propiedad genera ilusión en parte del sevillismo, pero la falta de avances concretos alimenta la preocupación. Cada día sin firma aumenta la sensación de bloqueo y la percepción de que el club se juega mucho más que un simple traspaso accionarial.
El desenlace marcará el futuro inmediato del Sevilla FC. Si la venta se firma antes del 29 de mayo —o en una prórroga pactada—, el club podrá activar su reconstrucción con un proyecto nuevo y una estructura reforzada. Si no se firma, Nervión afrontará un verano crítico, con decisiones urgentes, recursos limitados y un mercado que no espera a nadie.
La operación no está rota. Pero tampoco cerrada. Y el Sevilla, atrapado entre dos tiempos, necesita una resolución inmediata para dejar de mirar al despacho y volver a mirar al césped.






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