A 6 de septiembre de 2026
El Eibar firmó en Ipurua una tarde de autoridad absoluta ante un Granada que nunca encontró el ritmo del partido. Desde el inicio, el conjunto armero impuso una presión feroz que desbordó a los nazaríes y convirtió cada pérdida visitante en una amenaza. Ya en el minuto 4, Bautista obligó a Lizoain a sacar un mano a mano que evitó el primer golpe, preludio de lo que sería un asedio constante.
El Granada intentó responder con una transición de Owen y un remate de Alemañ, pero la falta de precisión marcó su arranque. La primera gran sacudida llegó en el minuto 10, cuando Iván Gil cazó un balón en la frontal y soltó un disparo seco, ajustado al palo, que abrió el marcador y encendió a Ipurua. El Eibar, cómodo con y sin balón, siguió castigando cada error nazarí. En el minuto 26, Maguna sostuvo a los locales con un doble paradón ante Alemañ y Alcaraz, demostrando que el Granada también podía generar peligro si encontraba metros.
La primera mitad se cerró con una obra de arte: en el minuto 43, Adu Ares firmó el 2‑0 con una trivela que cayó en parábola dentro de la portería, un gesto técnico que desató la locura en la grada y dejó al Granada tocado antes del descanso.
La segunda mitad mantuvo el guion. El Granada adelantó líneas y se expuso aún más, y el Eibar lo aprovechó con una transición perfecta en el minuto 60: Álvaro sirvió atrás y Guruzeta reventó el balón para el 3‑0, sentencia definitiva. El delantero armero volvió a rozar el gol en el minuto 71, cuando Aleix Garrido mandó un disparo rozando el larguero en otra llegada de enorme calidad.
El tramo final añadió tensión con la expulsión de Jair Amador en el minuto 77 por una entrada temeraria sobre Rodelas. Aun así, el Granada no logró transformar la superioridad numérica en peligro real. Para colmo, en el minuto 81, Hormigo cayó con la rodilla fallándole y tuvo que retirarse, dejando a los nazaríes también con diez y sumando preocupación a una tarde ya complicada.
El partido murió en el minuto 95 entre la frustración del Granada y la comunión absoluta entre el Eibar y su afición. Ipurua celebró un triunfo rotundo, construido desde la presión, la velocidad y la contundencia, mientras el Granada se marchó con la sensación de haber sobrevivido más que competido.






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