A 3 de septiembre de 2026
La mañana en el Estadio Nuevo Los Cármenes no tuvo discursos, ni titulares, ni grandes anuncios. Sin embargo, dejó claro algo que ya es un hecho: Ignacio Beristain ha comenzado a ejercer como presidente del Granada CF. El nuevo dirigente, acompañado por Sophia Yang, protagonizó un encuentro informal con los medios que sirvió como primer gesto de cercanía en un verano marcado por la incertidumbre y el silencio institucional.
El encuentro, celebrado en el palco del estadio a primera hora, se desarrolló en un ambiente distendido. No hubo declaraciones oficiales ni intervenciones públicas, pero sí una conversación directa que permitió a los periodistas tomar el pulso a la figura que, desde ya, asume la responsabilidad de liderar el club en plena transición de poderes. La presencia de Beristain, más allá de lo que pueda decir mañana en su comparecencia, simboliza el inicio real de una nueva etapa.
Durante la charla, el nuevo presidente se mostró sereno, consciente del contexto y del desgaste emocional que arrastra la afición tras un año especialmente complejo. Su actitud, más que sus palabras, transmitió la voluntad de recomponer puentes y de asumir el reto con la seriedad que exige una entidad que ha vivido demasiados sobresaltos en los últimos meses.
El proceso de cambio en la propiedad continúa avanzando. Todo apunta a que el grupo BLA tomará el control definitivo del club, poniendo fin a la etapa de DDMC, pero mientras los trámites se completan, Beristain ya actúa como la cara visible del proyecto. Su presencia en Los Cármenes, su disposición a escuchar y su intención de aclarar dudas en un ambiente cercano marcan un contraste con la opacidad que ha acompañado al club durante buena parte del verano.
La comparecencia oficial llegará mañana, a partir de las 13:30 horas, cuando Beristain ofrecerá respuestas más concretas sobre el rumbo del Granada CF. Pero el gesto de hoy, discreto y sin focos, ha servido para algo igual de importante: mostrar que el club vuelve a tener una figura al frente, alguien que asume la responsabilidad y que entiende la necesidad de recuperar la confianza de una grada que lleva demasiado tiempo esperando señales.
El Granada inicia así una nueva etapa, aún en transición, pero con un presidente que ya ha empezado a ocupar su lugar. Y en un club que ha vivido meses de incertidumbre, ese simple hecho ya supone un cambio de ritmo.






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