Los malagueños necesitan resultados para salir de los puestos de descenso.
La vuelta del Málaga a Primera División está siendo más exigente de lo esperado. Las primeras jornadas han dejado muchas luces y sombras en el equipo, capaz de competir durante muchos minutos, pero demasiado vulnerable en los momentos decisivos. Los malagueños se encuentran en los últimos puestos de la clasificación, con tres puntos, y son el único equipo que todavía no ha conseguido ganar un partido después de siete jornadas.
El Málaga ha mostrado argumentos futbolísticos para competir, constancia y esfuerzo, pero todo eso no ha conseguido traducirse en goles. Y en Primera División, esa diferencia puede resultar determinante. La inconsistencia y la falta de acierto pueden ser muy perjudiciales a lo largo de las jornadas y poner al equipo en un aprieto mayor del que ya se encuentra.
El principal problema está en las áreas. El conjunto de Funes con dificultades para transformar sus ocasiones en goles y, al mismo tiempo, ha concedido demasiado en momentos decisivos. Con solo tres tantos a favor en siete jornadas, la falta de eficacia se ha convertido en uno de los principales obstáculos del equipo.
Los puntos de inflexión
El Málaga arrancó la temporada con un partido de altos vuelos contra el Atlético de Madrid, del que los recién ascendidos regresaron con una derrota por 2-0. La siguiente gran prueba de fuego fue el Santiago Bernabéu, donde los blanquiazules cayeron por 4-0. Dos encuentros de máxima exigencia para un equipo que necesitaba adaptarse al ritmo de Primera División.
Entre ambos partidos, los malagueños recibieron al Deportivo, en un duelo entre dos recién ascendidos. El Málaga sacó pecho y consiguió sumar su primer punto de la temporada con un empate en casa. El conjunto gallego ya había demostrado desde la segunda jornada que había regresado a la máxima categoría dispuesto a competir.
Los tres partidos siguientes reflejaron un Málaga diferente y marcaron varios puntos de inflexión para los de Funes.
El encuentro contra el Celta mostró a un equipo que sufrió durante buena parte del partido, pero que reaccionó en el tramo final para rescatar un punto. Más allá del resultado, el Málaga demostró ser capaz de encontrar soluciones cuando el partido se ponía cuesta arriba.
Contra el Villarreal, pese a adelantarse en el marcador, los blanquiazules terminaron cayendo por 1-3. La evolución volvió a ser notable, pero el equipo mostró dificultades para mantener un nivel de juego alto durante los 90 minutos y controlar el encuentro cuando el rival aumenta la intensidad. Esa circunstancia pasa factura en Primera División: la inconsistencia y las bajadas de ritmo terminan marcando los partidos.
El último encuentro antes del parón, frente al Getafe, dejó una imagen diferente pese a la derrota. El Málaga compitió, generó ocasiones y consiguió marcar. Por momentos, los andaluces tuvieron el control del partido y llegaron a desesperar al conjunto madrileño. Sin embargo, el encuentro volvió a decidirse en el tramo final.
La derrota dejó una conclusión clara: el Málaga está mejorando, pero todavía necesita transformar esas buenas sensaciones en puntos.
Necesita experiencia
El Málaga sigue apostando por un proyecto con una plantilla joven, pero Primera División exige algo más.
Existe un margen de crecimiento, y eso se ha podido comprobar en la evolución de los jugadores respecto a la temporada pasada. Sin embargo, el equipo necesita futbolistas con mayor experiencia, capaces de cambiar el ritmo de los encuentros cuando estos se atascan, de tirar del equipo y de ordenar el campo para generar ocasiones y convertirlas en goles.
No se trata de abandonar la identidad del proyecto ni de renunciar a una plantilla joven, sino de dotarla de una mayor madurez competitiva.
¿Podrá el Málaga dar un paso más?
El Málaga necesita transformar su buen juego en resultados. Necesita una victoria que confirme que las sensaciones son buenas y que el equipo no se queda a medias. Necesita dar un golpe sobre la mesa para comenzar a salir de la zona de descenso.
Los de Funes todavía tienen mucho trabajo por delante. Tras el parón, el calendario se volverá más exigente y el equipo tendrá que luchar por conseguir buenos resultados. En juego está la permanencia.
Mientras tanto, los aficionados siguen con su equipo como nunca, animando y creyendo en ellos hasta el final.
La Rosaleda está lista para las grandes noches de fútbol.






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