El conjunto rojiblanco rompe su mala racha del mes de abril y hunde al Zaragoza en la tabla
El Granada vuelve a sonreír. Tras un dichoso mes de abril en el que los rojiblancos sumaron tres puntos de 15 posibles, el conjunto andaluz estrena mayo con una victoria en Zaragoza que permite que la salvación matemática sea más una cuestión de tiempo que de resultados. El combinado dirigido por Pacheta, a pesar de romper una racha de cuatro derrotas consecutivas lejos de Los Cármenes, no brilló precisamente en el Ibercaja Estadio por su actuación futbolística, pero el Zaragoza, jugándose la vida, desaprovechó una oportunidad de oro para hacer temblar la parte baja de la tabla. La escuadra maña, con más corazón que pies, dio constantes señas de lucha por los tres puntos, pero amenazó poco a Astralaga. En la última jugada del partido, con 0-0 en el marcador, el equipo aragonés arriesgó con todo en busca del gol de la victoria, algo que terminó beneficiando a un Granada que cazó la contra con una carrera de Pablo Sáenz que finalizó Álex Sola. Los nazaríes, de esta manera, se sitúan en una cómoda situación tras alcanzar los 48 puntos, lo que les ubica a 12 del descenso a falta de la disputa del resto de la 37ª jornada.
Pacheta apostó por regresar al 4-3-3 de inicio, su sistema más habitual durante toda la temporada. El Granada comenzó el partido ciertamente dormido ante un Zaragoza que protagonizó un gran comienzo de partido. Astralaga, de nuevo bajo palos tras la lesión de Luca Zidane, tuvo que intervenir a las primeras de cambio ante un potente disparo de El Yamiq. El conjunto local siguió dominando durante los primeros minutos, volviendo a amenazar con una doble oportunidad que desperdició Rober. Con el paso de los minutos, se equilibró el duelo sin una clara superioridad por parte de ningún equipo. El Granada apenas asumió riesgos en una primera mitad gris de los rojiblancos. La primera ocasión del equipo llegó con un venenoso disparo de Trigueros que palmeó Adrián Rodríguez.
El Zaragoza, consciente de lo que había en juego, se mostraba más intenso sobre el terreno de juego, saliendo vencedor de la mayoría de segundas jugadas, aunque generó poco peligro más allá del arreón inicial. Los pupilos de Pacheta, por su parte, se instalaron con excesiva comodidad en tierras mañas, despediciando constantemente posesiones de balón. Conforme se fue acercando el descanso, los errores del Granada fueron desapareciendo, mientras que a ambos equipos les costaba generar peligro. Los nazaríes llegaron poco a la portería de Adrián Rodríguez, aunque, las pocas veces que lo lograron, lo hicieron a través de buenas oportunidades. Arnaiz, con su clásico disparo de extremo colándose por dentro, sacó un tiro que se marchó ligeramente desviado.
En un partido tan cerrado, el balón parado entró en escena para protagonizar la recta final de la primera mitad. Pablo Sáenz sorprendió a una relajada zaga zaragocista en una falta que sacó rápidamente, sin apenas coger carrerilla. El envío del extremo navarro, que cuajó un gran partido, pilló desprevenida a la zaga local y encontró a Alcaraz como finalizador de un gol que, aunque fue validado en directo, terminó siendo anulado tras demasiados minutos de revisión por un fuera de juego posicional de Trigueros. El Zaragoza se salvó del castigo y estuvo a punto de responder con una nueva acción a balón parado en la que Dani Gómez se quedó muy cerca de ver puerta al borde del intermedio.
Astralaga, a pesar de la portería a cero, volvió a mostrarse muy dubitativo en muchas acciones del encuentro (probablemente consecuencia de un bajísimo estado de confianza), especialmente en una secuencia de jugadas al inicio de la segunda mitad sin que llegara a costar un disgusto. El Zaragoza salió a morder tras la reanudación del encuentro, forzando varias pérdidas del Granada a través de una intensa presión. Los rojiblancos, además se cargaron de amarillas. De hecho, Loïc Williams jugó con fuego tras derribar a Rober en una carrera lateral, jugándose mucho la segunda cartulina. También fueron amonestados Alcaraz, que completó el partido igualmente; y Lemos. el lateral gallego fue precisamente uno de los primeros sustituidos del partido junto a Trigueros para dar entrada a Casadesús e Izan.
El tiempo corría en contra del Zaragoza, con el agua al cuello en el mar del fútbol profesional. El conjunto local se atascó con el paso de los minutos ante un Granada a medio gas. El extremo Cuenca, revulsivo en el día de hoy, intentó probar a Astralaga nada más entrar al campo con un disparo centrado que blocó el guardameta con seguridad en esta ocasión. Pacheta volvió a mover el banquillo para dar entrada a Sola por Arnaiz, volviendo a ubicar al extremo donostiarra en la banda izquierda tras su sonada ausencia contra el Almería. El Granada parecía conformarse con el empate, por lo que trató de hacerse con el control del partido a través de prolongadas posesiones para defender con balón.
En la recta final del encuentro, tras una pausa para atender a un aficionado que sufrió algún problema en la grada, el Zaragoza estaba obligado a buscar la victoria. Francho dispuso de una buena ocasión dentro del área, pero su disparo fue bloqueado por un Diallo siempre atento en este tipo de acciones. La grada maña apretó con mucha energía en los últimos minutos, reforzando anímicamente a un Zaragoza que, aunque acumuló numerosos acercamientos con más corazón que buen fútbol, no terminaba de amenazar a Astralaga. En este contexto, entró Sergio Ruiz al verde en detrimento de Alemañ para aportar aire fresco al centro del campo de cara a un largo descuento de siete minutos. Para colmo del Granada, mientras los rojiblancos trataban de aguantar el empate, Jorge Pascual, en su regreso al campo tras cumplir una sanción de dos partidos después de insultar al árbitro con la expresión «puto bigotes», volvió a cometer el mismo pecado. El almeriense volvió a abrir el pico para dirigirse al colegiado Manuel Ángel Pérez en los siguientes términos: «¡Estáis ciegos!». El error del delantero, especialmente grave por su reincidencia, le volvió a costar una tarjeta roja más que evitable por su parte.
El Zaragoza, con superioridad numérica sobre el campo y jugándose la vida, intentó sacar su versión más ofensiva, pero se plantó en la última jugada sin estrenar el marcador. El combinado aragonés dispuso de una falta lejana con el descuento a punto de cumplirse, siendo su última oportunidad. El equipo local, inexplicablemente, perdió la pelota sin haberla colgado al área. Alcaraz, siempre concentrado, robó el balón al conjunto maño y lanzó al espacio a Pablo Sáenz. El extremo navarro, sin oposición por delante más allá del guardameta rival, condujo la contra hasta plantarse ante el cancerbero. Sola, incansable, no se ahorró el esfuerzo y acompañó la jugada, hasta el final. El donostiarra recibió la asistencia de Pablo Sáenz y anotó a placer el gol de la victoria en el minuto 98, el último milisegundo. Una diana que permite a los rojiblancos alcanzar los 48 puntos, ubicándose a 12 puntos del descenso a expensas de conocer los demás resultados de la jornada. La tan ansiada salvación, por fin, es tan solo cuestión de tiempo.





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