A 2o de junio de 2026
El UD Almería Stadium vivió una noche tan eléctrica como tensa, marcada desde el inicio por los graves incidentes que retrasaron el partido media hora, después de que el autobús del Málaga fuese apedreado en su llegada al estadio. El conjunto blanquiazul quedó retenido 40 minutos en la carretera, un preludio que añadió dramatismo a una final ya de por sí decisiva.
Cuando por fin rodó el balón, ambos equipos entraron con una marcha alta, conscientes de que solo uno ascendería a Primera División. El Málaga, obligado a ganar tras el 0-0 de la ida, salió con determinación, mientras que el Almería buscó imponer su superioridad física y su juego aéreo. Las primeras ocasiones fueron locales: Chupete perdonó dos veces el 1-0, primero con un tiro ajustado a la escuadra y luego obligando a Andrés Fernández a lanzarse abajo.
El Málaga respondió con personalidad. Murillo salvó un gol cantado tras un error propio, y poco después Joaquín probó desde lejos para forzar un córner. El partido se movía en un equilibrio frágil, roto por momentos de inspiración y por otros de puro nervio. Antes del descanso, Alfonso Herrero salvó un mano a mano a bocajarro, una parada que mantuvo vivo al Málaga en su peor tramo.
La segunda parte arrancó con la misma tensión. El Almería apretó con insistencia, pero el Málaga encontró oro en una recuperación alta: minuto 65, gol de Chupe, que culminó una jugada nacida de la presión y asistida por Joaquín. El delantero cordobés, héroe de la eliminatoria, silenció el estadio y encendió a los malaguistas desplazados.
El golpe dejó tocado al Almería, y el Málaga lo aprovechó. Minuto 71: golazo de Larrubia, un latigazo desde fuera del área que entró por la escuadra y desató la locura visitante. El 0-2 parecía definitivo, pero el fútbol tenía guardado un último giro.
El Almería reaccionó con furia. Leo Baptistao recortó distancias en el 76’, tras una jugada embarullada en el área malaguista. A partir de ahí, el partido se convirtió en un asedio rojiblanco: Baptistao, Arribas y Morci rozaron el empate, mientras el Málaga resistía encerrado, defendiendo cada balón como si fuera el último. Alfonso Herrero volvió a aparecer con una mano milagrosa ante un disparo cruzado del brasileño.
El tramo final fue una batalla emocional. Diez minutos de añadido encendieron al estadio y helaron a la afición malaguista. En plena tensión, llegó la jugada que lo desbordó todo: tangana en el 94’, roja directa a Thalys por agresión y amarilla a Ochoa, que minutos después vería la segunda amarilla y sería expulsado. Ambos equipos terminaron con diez.
Con el corazón en la garganta, el Málaga resistió los últimos centros, los últimos remates, los últimos gritos. El pitido final confirmó el ascenso: el Málaga CF volvía a Primera División ocho años después, tras un partido épico, sufrido y marcado por la adversidad desde su accidentado viaje al estadio.
En el césped, los jugadores malaguistas se abrazaron entre lágrimas, gritando un mensaje que retumbó en todo el estadio: “¡Somos de Primera!”. El Almería, valiente hasta el último segundo, cayó con honor en una final que será recordada por su intensidad, sus giros y sus protagonistas.






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