20 julio, 2026

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El Sevilla FC se queda sin argumentos en Cracovia y acaba con diez por la roja a Oso

A  19 de julio de 2016

El Sevilla salió de Cracovia con una sensación amarga que va más allá del marcador. En su segundo amistoso veraniego, el equipo de Luis García Plaza volvió a mostrar una preocupante falta de pegada y una desconexión ofensiva que ya inquieta a Nervión. El 1-0 final, firmado por un misil lejano de Hasić, retrató a un conjunto aún sin filo, demasiado dependiente de la inspiración de los jóvenes y sin capacidad real de respuesta ante un rival que supo interpretar mejor cada tramo del encuentro.

El plan sevillista era reconocible desde el inicio: laterales largos, líneas juntas y verticalidad hacia Isaac Romero. Pero la teoría no encontró traducción en el césped. Guridi y Agoumé ofrecieron pausa, sí, pero poca aceleración, y eso permitió al Cracovia sentirse cómodo, defender sin sobresaltos y esperar su momento. Peque retrasó metros para generar juego, mientras Miguel Sierra y Manuel Ángel aparecían a fogonazos. Ninguno de esos destellos encontró continuidad. Isaac Romero, referencia ofensiva, quedó aislado entre centrales, sin socios ni balones francos para generar peligro real.

El conjunto polaco avisó primero con un balón largo que obligó a Sangante a salvar bajo palos un gol cantado. Fue el preludio del tanto local: una falta en corto, un disparo desde más de treinta metros y un obús de Hasić que se coló en la escuadra sin que Odysseas pudiera reaccionar. El Sevilla, otra vez, encajaba un golpe sin haber mostrado argumentos sólidos para evitarlo.

La respuesta sevillista tuvo un protagonista claro: Miguel Sierra. El canterano agitó el ataque, encaró, buscó diagonales y generó las dos ocasiones más claras del equipo. Primero, un centro suyo terminó en un cabezazo de Kike Salas al larguero. Después, él mismo probó desde lejos con un disparo que se estrelló en el poste. Dos golpes de madera que simbolizaron la falta de puntería y la frustración de un Sevilla que, pese a dominar fases del juego, nunca encontró la manera de romper el muro rival.

La segunda mitad quedó marcada por una lluvia torrencial que convirtió el césped en una trampa. El balón se frenaba, las conducciones se volvían un riesgo y cada duelo parecía una batalla en barro. Luis García movió el banquillo buscando aire fresco, pero los cambios tampoco ofrecieron una solución real. Había voluntad, pero no fútbol. En ese escenario casi impracticable, Nico Guillén asumió la responsabilidad de darle sentido a un equipo que pedía a gritos algo imprevisible. Lo intentó, pidió balón, trató de romper líneas, pero el Cracovia ya había aprendido a vivir cómodo en el guion del duelo: cerrar espacios, esperar errores y enfriar cualquier intento de rebelión sevillista.

El conjunto polaco incluso tuvo una ocasión para sentenciar en una acción a balón parado, pero Alberto Flores apareció con una intervención firme que evitó el segundo. El resto del partido se diluyó en un intercambio de esfuerzos sin premio, un tramo final sin rumbo que evidenció que este Sevilla aún está en construcción y necesita mucho más para competir con solvencia.

La tensión, alimentada por el estado del campo y la frustración acumulada, desembocó en un cierre desagradable. Oso, en una acción tan desafortunada como incomprensible, golpeó el balón contra un asistente y terminó expulsado de manera directa. Una autoexpulsión que simboliza el desorden emocional de un equipo que no encontró ni ritmo, ni claridad, ni calma.

El Sevilla regresa de Polonia con más dudas que certezas. Falta gol, falta continuidad, falta conexión entre líneas y falta jerarquía en los momentos decisivos. Cracovia celebró su aniversario con una victoria de prestigio. El Sevilla, en cambio, vuelve a casa con la sensación de que el camino hacia un equipo reconocible será más largo de lo previsto.

Fotografías Sevilla FC

Alejandro Vargas Olivencia