A 29 de agosto de 2026
El Levante firmó una tarde inolvidable en el Ciutat de València, un partido de esos que se quedan grabados por el ritmo, la emoción y la contundencia. Desde el primer minuto el conjunto granota salió decidido a mandar, combinando, pisando área y encontrando una y otra vez a Iván Romero, que tuvo hasta cuatro ocasiones clarísimas en apenas quince minutos. El Betis, pese a los sustos, intentó templar el juego con Isco y las conducciones de Fran García, pero el duelo ya estaba desatado.
El primer golpe llegó en un córner: Dela se elevó sin oposición y cruzó un cabezazo perfecto al palo largo. El Betis reaccionó de inmediato, apretó, generó ocasiones y encontró el empate gracias a la insistencia de Parrott y el disparo certero de Bartra, que volvió a demostrar que agosto es su mes talismán. El partido ya era un intercambio de golpes sin descanso.
El Levante volvió a adelantarse con un gesto técnico maravilloso: Bardeli cazó un mal pase atrás de Bellerín y sorprendió a Valles con una vaselina desde lejos. . Pero el Betis, herido, respondió otra vez. En una jugada de estrategia, Riquelme apareció solo en el segundo palo para poner el 2-2 antes del descanso. La primera parte terminó con siete minutos de añadido y una sensación compartida: que no se acabara nunca.
La segunda mitad mantuvo la electricidad. El Levante salió decidido a frenar el empuje verdiblanco y pronto encontró premio. Brugué, en estado de gracia, cabeceó un centro al primer palo que Valles no pudo sacar. El Ciutat rugía, y rugió aún más cuando el propio Brugué firmó su doblete: una jugada colectiva preciosa, un remate al palo de Iván Romero y el capitán empujando el rechace para el 4-2. Primer doblete de Brugué en Primera, y una tarde que ya era histórica.
El Betis, desesperado, colgó balones, buscó centros, probó disparos lejanos, pero Ryan lo sacó todo. El Levante, sólido, ordenado y valiente, resistió cada embestida. Y cuando el partido parecía encaminarse al cierre, llegó la explosión final: Olasagasti cabeceó suave un centro de Etta Eyong para el quinto gol, desatando la locura en las gradas.
El Ciutat celebró con 20.474 almas una victoria rotunda, un partido vibrante y una exhibición ofensiva que deja un mensaje claro: este Levante quiere quedarse en Primera y hacerlo con personalidad. Un duelo frenético, lleno de alternativas, de errores, de aciertos y de emoción pura.






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