A 29 de agosto de 2026
El sevillismo vivió una noche de sufrimiento y orgullo en el Sánchez‑Pizjuán, marcada por una primera parte donde el Atlético de Madrid fue claramente superior y una segunda mitad en la que el Sevilla reaccionó con coraje, empujado por su gente y por el amor propio que exige Nervión. El partido comenzó torcido desde muy temprano: en el minuto 4, Alex Baena silenció el estadio con un derechazo desde fuera del área que puso el 0‑1. Ese golpe inicial dejó al Sevilla tocado y al Atlético cómodo, dueño de la posesión y del ritmo.
La primera parte fue un ejercicio de control rojiblanco. El Atlético movía el balón con paciencia, encontraba espacios y castigaba cada pérdida sevillista. En el minuto 26, llegó el segundo mazazo: Ademola Lookman culminó una jugada colectiva para el 0‑2, tras una asistencia de Pablo Barrios. El Sevilla, pese a intentarlo, apenas inquietaba a Oblak, y cada avance se estrellaba contra despejes de Hancko, Pubill o Giménez. El aficionado sevillista veía un equipo superado, pero no entregado. En el 33, de nuevo Alex Baena de nuevo batió al guardameta sevillista desde fuera del área con la pierna derecha, en una primera parte magistral del campeón del mundo.. Ese tanto cayó como un jarro de agua fría justo cuando el Sevilla estaba mejor.
El descanso llegó con una sensación amarga: el Atlético había hecho una primera parte excelente, con posesiones largas, presión alta y una claridad ofensiva que desbordó al Sevilla. Pero también quedó la intuición de que el equipo nervionense, si ajustaba piezas, podía meterse en el partido. Y así fue.
La segunda mitad mostró otro Sevilla. Más intenso, más valiente, más vertical. El equipo empezó a ganar duelos, a encadenar centros laterales y a encerrar al Atlético en su área. El Pizjuán lo notó y lo empujó. La recompensa llegó en el minuto 66, cuando Miguel Ángel Sierra cazó una volea dentro del área para poner el 1‑3
Aun así, el equipo no se rindió. El tramo final fue un asedio sevillista: centros, córners, segundas jugadas, disparos rechazados… El Atlético resistió como pudo, refugiado en despejes constantes y en la seguridad de Oblak. En el 90+6, el Sevilla tuvo una última oportunidad tras un disparo rechazado y un córner que no encontró rematador. El Pizjuán rugió hasta el último segundo, fiel a su identidad.
En el tramo decisivo del partido, el sevillismo volvió a sentir esa mezcla de impotencia y enfado que tantas veces acompaña a las decisiones arbitrales. En el minuto 84, el VAR anunció la revisión de un posible penalti para el Sevilla, una acción que encendió al estadio y que muchos aficionados vieron claramente dentro del área. “. Sin embargo, tras varios segundos de incertidumbre, en el minuto 85 llegó la resolución que cayó como un jarro de agua fría: “REVISIÓN del VAR finalizada – No se ha tomado ninguna medida adicional”. Para el sevillista, la sensación fue evidente: parecía penalti y no lo pitaron, una decisión que dejó la impresión de que el equipo perdió una oportunidad clave para cambiar el rumbo del partido.
El pitido final dejó una mezcla de frustración y orgullo. Lo importante para el aficionado sevillista fue ver que, pese a una primera parte muy floja y a un rival que estuvo brillante en los primeros 45 minutos, el equipo respondió, compitió, creyó . La segunda mitad mostró un Sevilla más reconocible, más intenso y más valiente, aunque insuficiente para remontar una noche marcada por tres golpes rojiblancos en los minutos 4, 26 y 33.






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