A 15 de agosto de 2026
El Sevilla FC arrancó la temporada con una victoria que sabe a carácter, a sufrimiento y a reconciliación con su gente. En un Sánchez-Pizjuán encendido desde el himno del Centenario, el equipo de Luis García Plaza remontó al Rayo Vallecano por 2-1 en un partido que lo tuvo absolutamente todo: errores groseros, decisiones del VAR que levantaron a la grada, una expulsión, dos penaltis transformados y la aparición de dos fichajes llamados a marcar el futuro inmediato del club.
El choque comenzó torcido incluso antes de que rodara el balón. Problemas en la zona arbitral retrasaron el inicio y generaron una tensión que se trasladó al césped. Apenas se cumplían tres minutos cuando un fallo clamoroso entre Sangante y Vlachodimos regaló el 0-1 a Álvaro García, que aprovechó el desconcierto sevillista para silenciar Nervión. El Sevilla tardó en reaccionar, incómodo, impreciso y superado por la presión alta del Rayo, que encontraba en Álvaro un martillo constante por la izquierda.
El primer tiempo fue un carrusel emocional. Isaac Romero cayó en el área y el árbitro señaló penalti, pero el VAR lo anuló entre la indignación de la grada. Poco después, Isi Palazón marcó el 0-2, aunque la acción también quedó invalidada por falta previa sobre Juan Iglesias. El Sevilla sobrevivía más por intervención tecnológica que por fútbol. Los centros desde las bandas no encontraban rematador, el equipo no lograba imponerse en duelos y el Rayo, ordenado y valiente, parecía tener el partido bajo control.
Luis García Plaza movió el tablero al descanso. Entraron Robbie Ure y Peque y el partido cambió de tono. El Sevilla ganó metros, energía y presencia ofensiva. En el minuto 52, Guridi empató desde los once metros tras un penalti claro sobre Miguel Sierra. El gol liberó al equipo y encendió al estadio, que por primera vez en la noche creyó en la remontada. Los rojiblancos estuvieron mucho mejor en la segunda mitad.
El encuentro se rompió en el tramo final. El Sevilla empujaba, el Rayo respondía y cada acción parecía decisiva. En el 87’, Kike Salas fue expulsado por una entrada dura sobre Jorge de Frutos, dejando a los locales con diez cuando más sufrían. Lejeune rozó el gol en un disparo lejano que obligó a Vlachodimos a intervenir con reflejos de portero grande. Nervión contenía la respiración.
Y entonces apareció la jugada que cambió la noche. Robbie Ure, que había entrado con personalidad y descaro, recibió dentro del área, un pase de Manu Bueno, recortó y cayó tras contacto con Lejeune. El VAR revisó la acción y confirmó el penalti. El estadio rugió como en las grandes noches europeas. Peque, con serenidad, engañó a Batalla y marcó el 2-1 en el minuto 97, desatando una explosión de euforia que borró de golpe todas las dudas del primer tiempo.
El Sevilla defendió con todo hasta el 100, empujado por un Pizjuán que no dejó de creer. Cuando el árbitro señaló el final, el equipo celebró una victoria que vale más que tres puntos. Vale autoestima, vale confianza y vale un mensaje claro: este Sevilla, aún en construcción, tiene alma.
El Rayo, por su parte, dejó una imagen competitiva. Ordenado, intenso y con un plan claro, solo cedió ante la inspiración final del rival y la falta de contundencia en los minutos decisivos. Beñat San José debutó en Primera con un equipo reconocible y valiente, que mereció más en varios tramos del encuentro.
El Sevilla se marcha con una certeza. Guridi marcó y sostuvo al equipo, Sierra enamoró a la grada en su primer partido como titular, Ure provocó el penalti decisivo y Peque firmó la remontada. En una noche donde el VAR fue protagonista, donde el partido se jugó al límite y donde Nervión volvió a rugir, el Sevilla encontró algo que llevaba tiempo buscando: identidad.






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