A 24 de enero de 2026
La Rosaleda vivió una noche que confirmó el gran momento del Málaga CF. Bajo una lluvia persistente que acompañó todo el encuentro, el equipo de Juan Funes firmó un triunfo rotundo ante el Burgos (3–0), un rival que llegaba como uno de los más sólidos de la categoría y que terminó desbordado por la intensidad y la claridad de ideas del conjunto malaguista.
El partido comenzó con un Málaga decidido a mandar desde el primer instante. Las bandas fueron un arma constante, con Puga y Rafita ganando metros y generando superioridades. Dani Lorenzo y Larrubia conectaban entre líneas, y las primeras ocasiones no tardaron en llegar. El dominio era evidente, y el gol terminó apareciendo justo cuando el equipo más lo merecía.
En el minuto 33, David Larrubia abrió el marcador con un zurdazo raso y ajustado al palo desde la derecha, un disparo que hizo inútil la estirada del portero y que encendió a una Rosaleda que llevaba rato empujando. El tanto reflejaba la superioridad local, pero el Málaga no levantó el pie. Apenas cinco minutos después, en el 38, Chupe amplió la ventaja con un cabezazo impecable a centro de Carlos Puga, un remate a la escuadra que dejó al Burgos tocado justo antes del descanso.
La segunda parte trajo la reacción esperada del conjunto burgalés, que introdujo cambios ofensivos para intentar meterse en el partido. Hubo algún acercamiento aislado, especialmente en acciones a balón parado, pero el Málaga se mantuvo firme, ordenado y con una madurez competitiva que no siempre se ve en esta categoría. Herrero respondió cuando fue necesario, y la defensa neutralizó los intentos de Appin, Córdoba o Mario González.
Con el paso de los minutos, el encuentro volvió a teñirse de azul y blanco. Los cambios de Funes aportaron energía, especialmente Aarón Ochoa y Adrián Niño, que entraron con ambición y dinamismo. Precisamente Niño fue quien cerró la noche con un disparo raso desde fuera del área en el minuto 86, un golpe seco junto al palo que certificó el 3–0 y desató la celebración definitiva en la grada.
El triunfo deja al Málaga CF en un momento dulce, no solo por los puntos, sino por la sensación de equipo que transmite: compacto, valiente, reconocible y cada vez más convincente. La Rosaleda vuelve a ser un fortín, el vestuario respira confianza y la afición siente que este proyecto tiene alma y ambición. Si el equipo mantiene esta línea, la temporada puede acabar siendo mucho más que ilusionante.






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