A 19 de marzo de 2026
El Sevilla FC vive días de máxima tensión deportiva y estratégica mientras se acerca una visita a Mestalla que puede marcar el rumbo de la temporada. El equipo de Matías Almeyda llega a un punto en el que cada detalle cuenta, desde la recuperación de jugadores hasta las decisiones que se toman en los despachos. Y es que el club no solo pelea por puntos: también pelea por reconstruirse a tiempo antes de que llegue un verano que promete ser uno de los más movidos de los últimos años.
La sesión de entrenamiento más reciente dejó un rayo de luz para el técnico argentino. Kike Salas y Vlachodimos, dos futbolistas que habían sido fundamentales en tramos importantes del curso, volvieron a trabajar con normalidad. Su regreso supone un alivio para un equipo que había mostrado grietas en momentos clave. En cambio, Marcao y Peque siguen al margen, recordando que la enfermería continúa siendo un quebradero de cabeza.
Mientras Almeyda intenta recomponer su once, en los despachos Antonio Cordón avanza en silencio pero sin pausa. El director deportivo ya tiene atadas las llegadas de Juan Iglesias, Patrik Mercado y Arouna Sangante, tres piezas que encajan en su idea de rejuvenecer el vestuario y dotarlo de más energía. A ellos podría sumarse Marius Marin, mediocentro del Pisa, a quien Cordón habría visitado personalmente para acelerar su incorporación. La apuesta es clara: jugadores jóvenes, con hambre y margen de crecimiento.
Pero para construir, primero hay que equilibrar. El Sevilla necesita ingresos y varios nombres aparecen en la rampa de salida. Rubén Vargas, Agoumé y Juanlu son activos con mercado y cuya venta permitiría financiar operaciones como la de Mercado, valorada en unos seis millones de euros. El club sabe que no puede fallar en este equilibrio entre entradas y salidas.
A todo esto se suma el mayor rompecabezas del verano: ocho jugadores terminan contrato en junio. Vlachodimos, Mendy, Maupay, Azpilicueta, Alexis Sánchez, Gudelj, Nyland y Januzaj forman un bloque que obliga a tomar decisiones quirúrgicas. Cada caso es distinto, cada situación tiene matices, y todos juntos conforman un desafío monumental para la dirección deportiva.
Gudelj será el primero en sentarse a negociar. El club quiere escucharle y él quiere saber qué papel tendría en el nuevo proyecto. Nyland, en cambio, ya tiene su destino marcado: no seguirá. Su pérdida de protagonismo ha sido definitiva. Januzaj ha mostrado compromiso, pero las lesiones y su irregularidad pesan demasiado. Azpilicueta y Alexis, líderes naturales, dependen de su estado físico y de su voluntad de continuar. Y luego están los cedidos: Mendy, con una opción de compra elevada; Vlachodimos, cuyo precio es prohibitivo pese a su buen rendimiento; y Maupay, que necesita reivindicarse en los partidos que quedan.
Cordón, mientras tanto, intenta tapar agujeros sin perder de vista el futuro. Sabe que no puede quedarse con todos, pero tampoco puede permitirse un verano improvisado. El club necesita una estructura sólida, un plan claro y decisiones valientes. Y todo ello llega en un momento en el que incluso la posible venta del club podría alterar el tablero.
El Sevilla se prepara para un verano que no será uno más. Será un verano de reconstrucción, de despedidas, de apuestas y de riesgos. Un verano en el que Cordón deberá encajar ocho piezas clave sin que el conjunto pierda identidad. Un verano que puede definir no solo la próxima temporada, sino el futuro inmediato de Nervión.






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