16 marzo, 2026

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El Málaga CF, por primera vez en mucho tiempo, mira hacia arriba

A 16 de  marzo de 2026

El Málaga CF vive un momento inesperado y, al mismo tiempo, ilusionante. Lo que hace apenas unas semanas parecía un ejercicio de supervivencia se ha transformado en una escalada fulgurante que ha devuelto al club a la pelea por el ascenso. La victoria de ayer, un triunfo que volvió a mostrar la personalidad del equipo, ha reforzado la sensación de que algo ha cambiado de verdad. Y ese cambio tiene un nombre propio: Juan Francisco Funes.

La apuesta por Funes fue, en su momento, una decisión que pocos entendieron. El club destituyó a Sergio Pellicer y confió el banquillo del primer equipo a un técnico sin experiencia en el fútbol profesional y que, además, dirigía a un filial que marchaba colista en Segunda RFEF. Una jugada arriesgada, casi temeraria, pero que respondía a una idea clara: apostar por el gen de la Academia, por un entrenador que conociera a los jóvenes y que fuera capaz de construir un equipo desde la identidad y la valentía.

El tiempo ha dado la razón. Funes, sin representante, sin ruido mediático y sin más aval que su trabajo, ha logrado conectar con la plantilla y con La Rosaleda. Su Málaga juega con desparpajo, con ritmo, con una alegría que hacía tiempo no se veía. Y lo más importante: compite. De luchar por no caer al pozo a situarse cuarto y a un solo punto del ascenso directo. Una transformación que nadie imaginaba y que ahora obliga a mirar hacia arriba.

Tras el 5-3 ante el Huesca, Funes dejó una frase que resume su mentalidad: «Compro la palabra ‘candidato’… pero en Cádiz». El técnico lojeño no rehúye la ambición, pero tampoco pierde el suelo. Sabe que el próximo sábado, en el Nuevo Mirandilla, espera un Cádiz CF revitalizado tras la llegada de Sergio González, un equipo que ha recuperado energía y que viene de ganar en Anduva. «Allí nos encontraremos con dificultades», avisó. Y no es una advertencia vacía: los equipos que cambian de entrenador suelen ofrecer un impulso inmediato, y el Cádiz ya lo ha demostrado.

Funes insiste en una idea que ha calado en el vestuario: «Queremos un equipo sin barreras». Para él, las barreras son mentales, son límites autoimpuestos que frenan el crecimiento. Su Málaga juega para disfrutar, para atacar, para no esconderse. Y esa mentalidad ha devuelto la ilusión a una afición que necesitaba volver a reconocerse en su equipo.

El técnico también ha trabajado un aspecto que se había convertido en un problema: los minutos finales. La derrota ante el Valladolid dejó una herida que había que cerrar. Para ello, Funes recurrió a ejemplos icónicos: la final del Manchester al Bayern, la remontada del Liverpool al Milan, el gol de Ramos en Lisboa. «Hay que estar en el partido hasta el final», repitió. Y el equipo lo entendió: ayer volvió a demostrar que no baja los brazos.

La noche también dejó un nombre propio: Chupete. El delantero firmó un doblete histórico, convirtiéndose en el primer jugador del Málaga que anota dos goles a partir del minuto 90 en el fútbol profesional. Ya suma seis partidos con dos dianas, una cifra que habla de su crecimiento y de su capacidad para aparecer cuando más se le necesita.

El Málaga llegará a Cádiz con confianza, con un estilo reconocible y con un entrenador que ha logrado que el vestuario crea en sí mismo. La clasificación está apretada, el margen de error es mínimo y cada jornada puede cambiarlo todo. Pero este Málaga ya no mira hacia abajo. Mira hacia adelante. Y, por primera vez en mucho tiempo, mira hacia arriba.