17 junio, 2026

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Sevilla FC 2- R.C.D Español 1. Remontada épica del Sevilla FC

El Ramón Sánchez-Pizjuán volvió a convertirse en un santuario de resistencia, orgullo y sufrimiento. El Sevilla FC afrontaba otra tarde límite, otra final en una temporada que se ha convertido en un rosario de angustias. Desde antes del pitido inicial, con el himno atronando y las bufandas al viento, el mensaje era claro: “Más unidos que nunca”, como arengó Azpilicueta en vestuarios. Y el equipo salió con esa intención, con esa urgencia que solo aparece cuando ya no queda margen para nada más.

El partido comenzó con retraso por problemas en el VAR, pero el Sevilla arrancó como un vendaval. En el 6’, Maupay rozó el primero con un taconazo que obligó a Dmitrovic a sacar una mano salvadora . Era el aviso de un equipo que quería morder, que quería demostrar que aún tiene pulso. Vargas, hiperactivo por la izquierda, generó peligro, como en el 10’, cuando su disparo desviado acabó en córner tras tocar en un defensa. El Pizjuán rugía, empujaba, exigía.

Pero el Sevilla, como tantas veces esta temporada, perdió chispa con el paso de los minutos. El Espanyol, timorato y sin ideas, apenas inquietó salvo en el 19’, cuando Dolan se adelantó en el área pequeña y obligó a Odysseas a intervenir con valentía . El griego, una vez más, sostuvo al equipo cuando más lo necesitaba. El descanso llegó con 0-0 y con la sensación de que el Sevilla, una vez más, había dejado escapar una oportunidad de oro para golpear primero.

La segunda parte fue un torbellino emocional. En el 46’, Alexis Sánchez, recién ingresado, empujó a la red un balón suelto tras una volea de Vargas. El Pizjuán estalló… pero el VAR lo apagó todo: gol anulado por fuera de juego . Un mazazo que dejó al Sevilla tocado. Y el Espanyol lo aprovechó: en el 56’, un balón muerto en el área acabó en los pies de Dolan, que fusiló sin oposición para poner el 0-1 y silenciar Nervión. El drama sevillista alcanzaba otra cota.

El Sevilla se tambaleó, pero no cayó. Odysseas mantuvo vivo al equipo con intervenciones decisivas en el 61’ y el 67’, ambas de reflejos y colocación, ambas evitando una sentencia que habría sido letal. El Pizjuán, lejos de rendirse, se encendió aún más. Y el equipo respondió con corazón, aunque sin un plan claro. En el 70’, Castrín tuvo el empate en un cabezazo a bocajarro que se marchó por encima del larguero. Era clarísima. El central se lamentó, el estadio se llevó las manos a la cabeza.

Pero el fútbol, a veces, devuelve lo que quita. En el 82’, Castrín se lanzó al ataque con alma, conduciendo desde atrás sin que nadie del Espanyol le saliera al paso. Su centrochut, blandito, parecía fácil para Dmitrovic… pero el portero falló estrepitosamente y el balón terminó dentro. GOOOOOOOL DEL SEVILLA, empate y explosión en Nervión . El Pizjuán volvió a creer.

Y cuando el Sevilla cree, pasan cosas. En el 91’, un pelotazo frontal terminó en los pies de Akor Adams, que controló en la frontal y soltó un disparo precioso, ajustado al palo izquierdo, imposible para Dmitrovic. GOOOOOOOOOOOL DEL SEVILLAAAAA, remontada épica, locura absoluta, un grito que retumbó en todo Nervión . El delantero vio la amarilla por quitarse la camiseta, pero daba igual: el Sevilla estaba vivo.

Los últimos minutos fueron un incendio. El Espanyol pidió penalti en el 99’ por una caída de Calero, pero Alberola no vio nada y el VAR tampoco intervino. El Sevilla resistió el último córner, con Dmitrovic subido al remate, y tras un suspiro eterno llegó el grito final: FINAAAAAL DEL PARTIDO EN SEVILLAAAAA.

El Sevilla ganó porque creyó, porque no se rindió, porque su estadio lo sostuvo cuando las piernas temblaban. Ganó porque Odysseas mantuvo el pulso, porque Castrín se negó a bajar los brazos y porque Akor Adams decidió que la historia no podía terminar así. Ganó porque, aunque la temporada sea un tormento, este club tiene algo que no se explica: se siente.

Una victoria de fe. Una victoria de Nervión. Una victoria que puede valer una salvación.