15 julio, 2026

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Francia 0- España 2. España firma una semifinal magistral y se planta en la final del Mundial 2026

A 14 de julio de 2026

España salió al campo con una serenidad que contrastaba con el ambiente eléctrico del estadio. Los primeros minutos fueron de tanteo, pero ya en el 8 apareció el primer aviso serio: una falta al borde del área provocada por Dani Olmo tras un pisotón de Rabiot. No fue un disparo memorable, pero sí un mensaje: España estaba cómoda en campo rival y Francia empezaba a cometer errores por llegar tarde. Ese detalle, aparentemente menor, marcó el tono del partido.

El minuto 16 fue el primer susto real para la Roja. Olise peinó un balón que dejó a Mbappé corriendo hacia la portería, pero Laporte, imperial, cortó la jugada con una lectura defensiva que evitó un gol cantado. Fue la primera vez que Francia mostró los colmillos, y también la primera vez que España demostró que no iba a temblar.

El partido cambió definitivamente en el minuto 20. Lucas Digne falló un control sencillo y Lamine Yamal, con la intuición de los jugadores que ven el fútbol antes que los demás, le robó la posición y provocó un penalti tan claro que ni los franceses protestaron con convicción. Tres minutos después, en el 22, Oyarzabal transformó la pena máxima con una precisión quirúrgica. Maignan adivinó el lado, pero el disparo fue demasiado bueno. Ese gol no solo abrió el marcador: abrió la puerta emocional del partido. España dejó de ser prudente y empezó a mandar.

La lesión de William Saliba en el minuto 29 añadió incertidumbre a Francia. El central del Arsenal cayó al suelo sin contacto y tuvo que ser sustituido por Lacroix. Un golpe inesperado para un equipo que ya estaba incómodo y que perdió a su mejor defensor en plena tormenta española.

El minuto 38 dejó una de las jugadas más bellas del partido: una pared al primer toque entre Dani Olmo y Lamine Yamal que dejó a Fabián frente al gol. Upamecano llegó milagrosamente para evitar el 0-2, pero la acción reveló la fluidez con la que España estaba jugando. Francia, por entonces, ya perseguía sombras.

El descanso llegó con España por delante, pero el verdadero golpe llegó en la segunda parte. En el minuto 58, Pedro Porro firmó el gol que cambió la semifinal. La jugada nació en campo propio, con una conducción valiente del lateral extremeño, siguió con una pared limpia con Dani Olmo y terminó con un disparo al palo corto que sorprendió a Maignan. Un gol de lateral, sí, pero con alma de delantero. Ese tanto desató a España y hundió a Francia.

Solo dos minutos después, en el 60, Lamine Yamal marcó un golazo que habría sido portada mundial: recorte hacia dentro y disparo a la escuadra. El fuera de juego previo lo anuló, pero la sensación era clara: España estaba jugando su mejor partido del torneo.

El minuto 67 fue el aviso más serio de Francia en toda la noche. Mbappé, obligado a tirar del equipo, rozó el poste con un disparo que silenció el estadio por un segundo. Pero ese susto fue respondido con calma, con posesión y con una defensa que no perdió la línea ni un instante.

En el 78, Ferran Torres rozó el tercero con un cabezazo que se marchó por centímetros. España ya jugaba con confianza plena, mientras Francia empezaba a precipitarse en cada ataque.

El minuto 81 dejó la parada del partido. Mbappé se marchó solo y Unai Simón salió del área como un central para despejar de cabeza. Segundos después, ya bajo palos, sacó un balón a Doué que mantenía vivo el 0-2. Fue la acción que confirmó que España tenía portero para ganar un Mundial.

Los últimos minutos, especialmente el 89 y el añadido hasta el 97, fueron de resistencia y de orgullo. Francia lo intentó con faltas, centros y disparos lejanos, pero España ya había decidido que esa noche sería suya. Cucurella robó un balón a Mbappé dentro del área que simbolizó el espíritu del equipo: intensidad, valentía y cero concesiones.

Cuando el árbitro pitó el final, España no celebró solo un resultado: celebró una identidad, el juego colectivo. Un equipo joven, valiente, sin complejos, que ha eliminado a Francia con una autoridad que no admite discusión y que el próximo 19 de julio peleará por su segunda estrella en Nueva York.