El equipo andaluz continúa en puestos de descenso tras acumular seis encuentros consecutivos sin ganar
El Granada no consigue salir del pozo. Tras el punto logrado hoy contra el Eibar en Los Cármenes, el equipo acumula su sexto encuentro consecutivo sin conocer la victoria y el quinto empate seguido en casa. Aún más preocupante parece la involución del equipo, al que hoy, a pesar de que no ha sufrido en exceso en defensa, ni siquiera ha logrado generar llegadas durante la amplia mayoría del encuentro. De esta manera, los rojiblancos vuelven a concluir una nueva jornada en puestos de descenso con muchas más dudas que certezas.
Pacheta planteó un 4-4-2 de inicio con Arnaiz en banda y Pascual actuando como segundo punta. El ariete almeriense adoptó un papel más activo en la construcción del juego ante la presencia del recién llegado Petit como referencia ofensiva. El equipo fue ampliamente ganador de la posesión durante la primera parte, aunque mostró muchos problemas para transformar dicho control en peligro. Asimismo, los problemas en salida de balón propiciaron varias pérdidas no forzadas, mientras que el balón parado defensivo generó algún problema. A través de dicha vía, tras una nueva pifia de Luca Zidane, Sergio Álvarez anotó un gol que fue anulado por un fuera de juego posicional que camufló de las portadas el error del guardameta.
Tras un primer cuarto de hora con más sustos que buen juego, los rojiblancos dispusieron de dos ocasiones peligrosas. La primera de ellas se produjo con un intento lejano de Arnaiz que, tras tocar su potente disparo en un zaguero, se terminó estrellando contra la madera. Justo en la siguiente jugada, el talaverano colgó un saque de esquina que Alcaraz remató de espuela y cerca estuvo de abrir la lata. No obstante, más allá de este etapa del partido, el Granada continuó autosometido en un atasco con balón sin generar sensación de amenaza ante un Eibar bien ordenado. Para colmo, antes del descanso, Luca Zidane regaló un balón a Olaetxea en la que el jugador vizcaíno perdonó un mano a mano.
En la segunda parte, la iniciativa estuvo más repartida entre ambos equipos. En un encuentro diferente al de la primera mitad, ningún equipo terminaba de imponerse sobre el otro. El duelo se caracterizó por un ritmo bajo de juego en el que el Granada, inofensivo, siguió mostrando muchos problemas para progresar con balón. Tan solo Pascual, Petit y Alemañ lo intentaron con disparos que no encontraron portería. Las bandas del Granada, un seguro de vida durante la primera vuelta, hoy apenas han generado llegadas ni peligro. El desborde brilló por su ausencia y, con Petit presente en el área, los centros se colorearon de imprecisión constantemente.
Ante esta situación, Pacheta movió el árbol dando entrada a Rodelas y Sergio Ruiz por Arnaiz y Alemañ. Este último probablemente fue sustituido por las molestias físicas que le han lastrado durante toda la semana. Cinco minutos más tarde, también entraron al verde Hormigo y Bouldini en los lugares de Diallo, que realizó gestos de aparentes molestias al cruzarse con Pacheta; y Petit, que apenas tuvo participación en su debut. No obstante, los cuatro cambios no sirvieron para generar nuevas ideas en el equipo, que apenas asumía riesgos para buscar los tres puntos.
En la recta final de partido, Bautista estuvo cerca de sorprender a Luca con un remate de primeras que no se marchó lejos. Pacheta agotó su último cambio para sustituir a Sola por Pablo Sáenz. La entrada del extremo navarro, que hoy aprovechó su oportunidad, dio aire fresco a su equipo. Inmediatamente tras su entrada al campo, protagonizó un buen centro que acabó con un remate de Alcaraz a bocajarro. El disparo obligó a una gran intervención de Magunagoitia. Los nazaríes tiraron de corazón y generaron peligro durante los últimos minutos, pero el reloj corrió en su contra. Tras los cuatro minutos de añadido, el colegiado Sergio Claudiu Muresan decretó la conclusión del duelo con un nuevo empate que agrava la situación del Granada.






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